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Un subversivo sentimental

En un teletipo de Reuter llegan hasta aquí ecos de la alegría creada este año en Cannery Row, durante la celebración del Steinbeck Day, por la marea ambiental de rescate del escritor. Es una marea que llegó hasta. allí procedente de todo el mundo, en forma de incontables telefax, cables, cartas, telegramas, llamadas telefónicas.Según Phyllis Meurer, directora de la Fundación Steinbeck, 'llegaron también a Salinas 4.000 lectores de sus obras en expediciones procedentes de Alemania, México, Francia, Japón" y de los cuatro rincones del planeta. Y muchos más del continente norteamericano, que Steinbeck recorrió en su juventud, con mirada airada y dolorida, buscando las huellas sobre el polvo de la mi seria que arrastraban los millones de comerciantes, artesanos, braceros, granjeros y obreros sin fábrica que emergían de la gusanera, fugados del derrumbe de su sociedad en 1929 y errantes en un laberinto de caminos que les llevaban a ninguna parte. "La gente se acerca otra vez a él", dice Nancy, su viuda, "no sólo a causa de la actual recesión, sino también porque si viviera tendría 91 años y sería el abuelo del ecologismo". "Pero", añade un miembro de la Fundación Steinbeck, "todavía le persiguen. De ratones y hombres y Las uvas de la ira siguen censuradas en las escuelas y bibliotecas públicas:- arguyen que son libros profanos". Extraña manera de decir que son libros sencillos, solidarios, conmovedores y conmovidos, que guardan un testimonio irrefutable e iracundo de un infame periodo histórico de su país.

Pese a que Las uvas de la ira vende todavía unos 100.000 ejemplares al año -según un directivo de Penguin Books- y a que en sus últimos escritos el escritor vulneró el sentido de su obra con una penosa serie de artículos en defensa de los halcones de la guerra de Vietnam, hay en EE UU mucha gente que sigue sin perdonarle la imagen subversiva y radical que dio al mundo de las luchas de clases de su país en el periodo de entreguerras: ni el arrepentimiento le sirvió. Lo intuye la que fue su mujer: "Todavía hay un sentimiento de controversia alrededor de sus libros, pero por lo menos aquí, en Monterrey, que él dio a conocer al mundo, parece que ya no le vuelven la espalda". Esto era lo que le ocurrió incluso después de su claudicación: hostigado durante décadas por el sambenito de comunista, y encima sin serlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de marzo de 1993