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Una ausencia de época

El aspecto más indigerible del reparto de premios es la ausencia, completamente injustificada, de la película española Belle époque, que es, con toda evidencia, superior a la mayoría de las cintas premiadas y sin duda la que mejor acogida ha tenido durante todo el festival por parte del público berlinés, que interrumpió con ovaciones algunas de sus proyecciones.Pero el sambenito de una moralina completamente histérica e inquisitorial le llegó a la película de Fernando Trueba desde algunas obtusas críticas de la prensa alemana, que le acusaron de película machista y de otras lindezas parecidas que nada tienen que ver con el contenido y la forma de esta notable película. Es Belle époque una obra muy libre, llena de desparpajo, heterodoxa, que se sale por completo de las normas y cuyo tono libertario se aviene muy mal con los tiempos que corren en esta Europa adocenada, regresiva y con la imaginación paralizada por una plomiza marea de ideología ultraconservadora. El sambenito ultraconservador contra Belle époque contagió a todos los miembros del jurado, con excepción de tres, que intentaron inútilmente -y nos consta- premiarla. Y no se trata de una mayoría casual de este pequeño grupo humano, sino de una mayoría natural, llena de coherencia, como pone de manifiesto el hecho de que el jurado hiciera, también por mayoría, una mención de alabanza a la película israelí La vida en Agfa, que es un Filme halcón disfrazado de filme paloma, en el que Assi Dayan -fiel a la memoria histórica de su padre, el famoso guerrero general Moshe Dayan- hace, bajo una aparente crítica "dura" a la sociedad israelí actual, una sutil llamada a su rearme ideológico, a la recuperación de su cohesión interior, en parte perdida por el fin de la guerra fría, y, por ello, a una soterrada y turbia pulsión belicista. La película dio el pego, pero nos da la impresión de que el jurado, este jurado, la entendió perfectamente.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de febrero de 1993