_
_
_
_
Tribuna:
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Una victoria y una derrota

En realidad, la posición total del Gobierno británico en este caso es más firme que nunca. Hubo un momento desconcertante durante la campaña de las elecciones generales británicas, cuando fui bruscamente informado por un inspector jefe (que claramente se sentía muy violento por lo que estaba diciendo) de que mi protección finalizaría en corto plazo, aunque no había ningún motivo para creer que las cosas fueran algo más seguras. "Muchas personas viven en peligro de muerte en Gran Bretaña", me dijo, "y algunas de ellas mueren, ya lo sabe". Sin embargo, poco después, Article 19, en su número 10, se ocupó de la cuestión; ese policía fue trasladado a otro puesto, y la Campaña de Defensa recibió una carta de la oficina del primer ministro asegurándonos de forma inequívoca que la protección continuaría mientras lo hiciera la amenaza.La posición vis-à-vis de Irán también se ha consolidado inmensurablemente. Se ha comunicado al régimen iraní que no habrá ninguna normalización de las relaciones hasta que se haya cancelado la fatwa. La pelota está firmemente instalada en el patio del Gobierno de Rafsanyani.

Estoy muy agradecido -he de decirlo otra vez- tanto por la protección como por el fortalecimiento de la posición del Gobierno. Pero también sé que se precisará un empujón más fuerte para obligar a Irán a cambiar su política, y el propósito de mis visitas a otros países era procurar y crear la fuerza necesaria para ese empujón.

El 25 de octubre fui a la capital alemana, Bonn. Alemania es el socio comercial número uno de Irán. Yo había llegado a creer que no obtendría nada allí. Lo que sucedió en Alemania me pareció, pues, como un pequeño milagro.

Mi visita la decidió el pequeño milagro de una mujer, Thea Bock, miembro por el SPD del Bundestag. Su inglés era tan pésimo como mi alemán y aunque a menudo teníamos que hablar por señas, nos entendíamos a las mil maravillas. Con una mezcla de engatusamiento, tácticas de intimidación y pura astucia, y con la ayuda de otros diputados, en especial de Norbert Gansel, se las arregló para concertarme entrevistas con la mayor parte de las personas situadas en el núcleo central del Estado alemán: la muy poderosa y popular presidenta del Bundestag, Rita Süssmuth; funcionarios de alto rango del Ministerio de Asuntos Exteriores; los principales miembros del Comité de Asuntos Exteriores, y el propio líder del SPD, Bjorn Engholm, quien me asombró permaneciendo cerca de mí en la televisión y llamándome su "hermano en espíritu". Comprometió al SPD a prestar un total apoyo a mi causa y desde entonces ha trabajado incansablemente en mi beneficio.

Personas situadas en los más altos niveles del Estado me prometieron el apoyo de Alemania. A partir de entonces, ese apoyo se ha concretado. "Protegeremos a Mr Rushdie", ha anunciado el Gobierno alemán. El Bundestag ha aprobado una resolución de todos los partidos declarando que Alemania considerará legalmente responsable a Irán de mi seguridad, y que si me acaeciese algún daño, Irán tendrá que hacer frente a determinadas consecuencias económicas y políticas. (Los Parlamentos sueco y canadiense están considerando ahora resoluciones similares). Además, el vasto acuerdo cultural germano-iraní ha sido arrinconado y el ministro de Asuntos Exteriores, Kinkel, ha declarado que no será reactivado hasta la cancelación de la fatwa.

La buena voluntad de Alemania para utilizar la fuerza tanto de la palanca económica como de la cultural en mi favor es lo que crispó a Irán y le llevó a su repetición de la fatwa y su renovación de las ofertas de recompensa económica. Este fue un paso estúpido; no sirvió más que para reforzar la resolución de un número cada vez más alto de Gobiernos solidarios a ocuparse del caso.

Después de Alemania, Suecia, donde el Gobierno y el PEN sueco conjuntamente me concedieron el prestigioso premio Kurt Tucholsky, otorgado tradicionalmente a escritores que ven maltratados sus derechos humanos. El viceprimer ministro sueco, Bengt Westerberg, me hizo entrega del premio y pronunció un apasionado discurso ante la prensa prometiendo el completo y enérgico apoyo del Gobierno.

La piedra ha empezado a rodar. El líder del Partido Laborista sueco, Ingvar Carlsson, mantuvo una larga entrevista conmigo en la que me prometió trabajar con otros partidos socialistas europeos para apoyarme. Sé que tanto él como Bjorn Engholm han estudiado este caso con el Partido Laborista británico, instándole a hacer algo más.

Hasta el momento en que escribo esto, los líderes del Partido Laborista no se han puesto en contacto conmigo ni con Article 19 para comunicarnos su posición y sus intenciones. Invito a John Smith o a Jack Cunningham a rectificar tan pronto como sea posible.

Un diplomático más experimentado que la mayoría en los asuntos de Oriente Próximo me dijo: "El secreto de la diplomacia consiste en estar en la estación cuando llega el tren. Si no se está en la estación, no nos quejemos si lo perdemos. Lo molesto, por supuesto, es que el tren puede llegar a muchas estaciones, de manera que hay que asegurarse de que se está en todas ellas".

En noviembre, el jefe de la magistratura de Irán, Morteza Moqtadaei, dijo que todos los musulmanes estaban obligados a matarme, poniendo así de manifiesto la falsedad de la pretensión de Irán de que la fatwa no tenía nada que ver con el Gobierno iraní.

En los primeros días de diciembre, atravesé de nuevo el Atlántico: fui a Canadá, como huésped del PEN canadiense. (¿Alguna vez ha tenido un escritor más ayuda de sus colegas? Si salgo de esto, el trabajo de mi vida consistirá en procurar y devolver sólo un poco de la ayuda, y la pasión, y el afecto que he recibido). En un acto celebrado en mi honor por el PEN en Toronto, tantos escritores hablaron en mi favor que alguien me susurró: "Es un estupendo bar mitz-vah (2) lo que está teniendo"; y era el primer ministro de Ontario, Bob Rae, que había saltado al escenario y me abrazaba. Se convirtió así en la pri mera cabeza de un Gobierno que es taba conmigo en público.Al día siguiente, en Otawa, me reuní con la ministra de Asuntos Exteriores, Barbara Macdougall, y con el líder de la oposición, Jean Chrétien.

También presté declaración ante el subcomité parlamentario de derechos humanos. El efecto de todo esto fue electrizante. Dentro de las 48 horas siguientes, resoluciones exigiendo que el Gobierno canadiense llevara este asunto a las Naciones Unidas y a muchos otros lugares tales como el Tribunal Mundial fueron aprobadas rápidamente por el Parlamento de Canadá con el apoyo de todos los partidos, y el Gobierno se mostró de acuerdo en actuar en relación con ellas. Otro tren en otra estación. Próxima parada, ¿quizá el presidente Clinton? Siempre supe que ésta sería una larga lucha; pero al menos ahora hay un movimiento real. He escrito tanto sobre él como me es posible: detrás de los escenarios hay más actividad que tendrá que ser revelada en una fecha posterior.

Sé que la lucha no es sólo por mí. Las grandes cuestiones en este caso son la libertad de expresión y también la soberanía nacional. Además, el caso de Los versos satánicos no es más que el mejor conocido de todos los casos de intelectuales, progresistas y disidentes, que son acosados, encarcelados, prohibidos y asesinados en todo el mundo musulmán. Los artistas e intelectuales de Irán saben esto, lo cual constituye el motivo de que tan valientemente y de manera tan continua hayan hecho declaraciones prestándome su apoyo incondicional. Algunos intelectuales de todo el mundo musulmán -el poeta Adonis, el novelista Tahar Ben Jalloun y muchísimos más- han pedido el fin de las amenazas de Irán, no sólo porque se interesan por mí, sino también porque saben que ésta es asimismo su batalla. Ganar esta batalla es ganar una escaramuza en una guerra mucho más grande. Perderla tendría consecuencias desagradables para mí, pero sería también una derrota en ese conflicto más importante.

No podemos permitirnos perder. Por consiguiente, tenemos que ganar. Es así de sencillo.

No se mata a la gente por escribir libros. Es así de claro.

Cuando esto llega a la prensa hay noticias de que incluso el malafamado demagogo doctor KaIim Sddiqui cree que ha llegado el momento para "ambas partes de perdonar y olvidar". Después de cuatro años de intimidación y violencia, ciertamente hay mucho que perdonar. Yo doy la bienvenida incluso a esta rama de olivo.

No obstante, la crisis no habrá terminado hasta que las amenazas de Irán de terrorismo internacional patrocinado por el Estado sean formal e inequívocamente retiradas. Lo que se necesita ahora es que el Gobierno británico saque partido de toda la buena voluntad internacional generada por las muchas personas que trabajan conmigo y por mí en alrededor de una docena de países, y se sitúe en la vanguardia de los intentos de la comunidad internacional para dar fin a este continuo escándalo.

Doy las gracias al Gobierno británico por todo lo que ha hecho por mí. Pero debo pedirle que haga más ahora, y con más energía, de forma que, con suerte, y muy pronto, pueda empezar a hacer mucho menos.

2. Bar mitz-vah (traducción literal del hebreo, "hijo de la ley"). Ceremonia que marca el 13º cumpleaños de un chico, que asume sus plenas obligaciones religiosas. (Nota de la traducción).

Copyright

1993.Traducción de M, C. Ruiz de Elvira.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por los mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_