Encuentro con el clasícismo
Nyman no para. Este hombre tiene tantos proyectos entre manos que le faltan horas para poder dormir. Cuando no es la música de una película o de una serie de televisión que le retiene componiendo en Londres, es la sesión de graduación de una banda sonora en Múnich, una mesa redonda en torno a su obra en Sáo Paulo o un concierto en Dublín; y entre unas cosas y otras siempre encuentra un hueco para pasarse por aquí. Otro que tampoco parece disfrutar de vacaciones es su inseparable violinista, el rumano Alexandre Balanescu, que aterrizó en el aeropuerto de Madrid con el tiempo justo para llegar al concierto.En los últimos cinco años, Michael Nyman ha recorrido un buen número de ciudades españolas ofreciendo la mayoría de' las veces el repertorio de sus trabajos para las películas de Peter Greenaway. Anoche la propuesta fue distinta.
Michael Nyman & The Balanescu String Quartet
Michael Nyman (piano), Alexandre Balanescu (violín), Claire Connors (violín), Bill Hawkes (viola) y Nick Cooper (chelo). 2.000 personas. Precio: 2.500 pesetas. Carpa del Conde Duque. Madrid, 22 de noviembre.
Más lírico
Y es que ya sus medidas creaciones para otros directores de cine (Monsieur Hire o El marido de la peluquera) mostraban a un Nyman mucho más lírico e introspectivo. Aunque en directo se mantiene la tensión interpretativa, poco tiene que ver con las enérgicas y casi compulsivas piezas pensadas para Greenaway. Con composiciones y orquestaciones como las escuchadas en el Conde Duque, Nyman gana en credibilidad musical.Michael Nyman posee un conocimiento muy amplio de la tradición musical occidental y lo sigue utilizando como mejor le parece. Las citas y las influencias surgen por doquien Toma prestados brevísimos fragmentos de otros compositores y otras músicas que le sirven de cimientos para construir su propio edificio. Con el Cuarteto de cuerda número 2 (1988) aparecen ritmos del sur de la India, y en el emotivo Cuarteto número 3 (1990), el más cercano a la música de cámara, ecos del folclor rumano.
El músico británico suele decir que le gusta tocar ante gente que no conoce todavía su música. Y parece experimentar un placer inconfesable llevando a su público más incondicional por senderos inesperados.
Ya les hizo la jugada el pasado mes de febrero con los poemas de Paul Celan y Rimbaud en la voz de Ute Lemper, y ha repetido ahora con estas piezas para cuerda en compañía del Cuarteto Balanescu, una formación en la línea ecléptica que transita el Kronos.
Se puede preferir su faceta más popular, pero ésta de los cuartetos permite descubrir a un músico con más talento del que muchos podían pensar. Un Nyman sin coartadas cinematográficas.
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