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Crítica:CINE / 'CRÍMENES DE AMOR'_
Crítica

Policiaco frustrado

Una de las últimas debutantes en el cine norteamericano es Lizzie Borden, que, tras dos atractivas producciones independientes, Born inflames (1983) y Chicas de Nueva York (1986), ha conseguido hacer su primera película cara con distribución mundial.En un principio, Crímenes de amor pretendía narrar una historia policiaca con una interesante carga feminista. Un hombre se hace pasar por un famoso fotógrafo para seducir a ciertas mujeres que se cruzan en su camino. Una fiscal con problemas personales se interesa por el caso hasta tal punto que interfiere en el camino de este hombre y se convierte en una de sus víctimas para tratarle de la misma forma que él trata a las mujeres.

A pesar de ser la propia Lizzie Borden uno de los productores de su película, no logra evitar que su montaje de Crímenes de amor les molestase, les pareciera que tenía demasiados desnudos y que su final era excesivamente anticonvencional, y le hayan hecho cortar y variar la película hasta convertirla en una caricatura de lo que debía haber sido, en un simple policiaco frustrado.

Loye crimes

Directora: Lizzie Borden. Guionistas: Allan Moyle, Laurie Frank. Fotografia: Jack N. Green. Intérpretes: Sean Young, Patrick Bergin, Arnetia Walker. Estados Unidos, 1992. Estreno en Madrid: Pompeya, Vaguada, Albufera.

Y lo que queda, lo que ha llegado hasta nosotros, resulta excesivamente simple, dificil de comprender y carente de atractivos. Al haber desaparecido el primitivo final, el lado moralista de la historia, su tono feminista es algo que queda flotando sin mucha razón de ser. Y todavía es peor que, al haberse cortado el complejo encuentro erótico entre la fiscal y el fotógrafo, las explicaciones de su frigidez sólo existen en una primera fase y no queda nada clara la fascinación sexual que siente por él.

Quizá el montaje original de Lizzie Borden de Crímenes de amor no fuese una obra maestra dada su complejidad y su falta de experiencia, pero al menos era ambicioso y tendría una lógica interna. Lo que ha quedado es muy poco, una especie de caricatura de Marnie, el personaje creado por Alfred Hitchcock en Marnie, la ladrona (1964), pero con una nada sutil serie de acciones recordadas viradas en azul y acciones imaginadas viradas en rojo.

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