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El 'Guernica' al desnudo

¿Cómo queda el Guernica en su nuevo emplazamiento? Como este es el señuelo, no me cabe la menor duda que gran parte de los visitantes que acudan a partir de ahora al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) estarán atraídos por él y se entretendrán discutiendo lo que les parece. A mí me gustaría participar en esta excitación polémica, pero, como me temía, mi sorpresa ha sido muy escasa o casi nula. En primer lugar, porque, como toda obra maestra, el Guernica es el Guernica, y, salvo que se tape o enrolle, es difícil que deje de impresionar; en segundo, porque si se conoce bien de antemano el edificio donde el cuadro será ubicado no cuesta demasiado imaginarse el resultado, máxime cuando se trata de una tela de tan descomunales proporciones y afectada por tan especiales circunstancias, lo que reduce las posibilidades de su correspondiente instalación.En este sentido, ha sido colocado en el único lugar donde podía caber aislado, ganando en luminosidad y transparencia, pero perdiendo en sacralidad y espaciosidad visual. Por otra parte, ahora el espectador se lo topa inesperadamente como una aparición que irrumpe en un imprevisto hueco lateral, pero también basta que en el cuello de botella por el que se accede se aglomeren una decena de visitantes para que se pase de largo y se deba preguntar al vigilante dónde está. Ese problema de visión y circulación va a ser, sin duda, el que más quebraderos de cabeza dará a los responsables del museo, y ¡ojalá que sea el único!.

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En cualquier caso, lo que sí está claro es que el Guernica ha dejado de ser el cuadro emblemático que era y se ha convertido en una pieza más de un engranaje, y, como tal, depende el futuro del museo, aplastado por él o apoyado en él. ¡Qué responsabilidad!.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 05 de septiembre de 1992.

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