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Crítica:
Crítica

Doble paso atrás

Edipo rey

De Sófocles, versión de Francisco Rodríguez Adrados, dirección de Pedro Álvarez-Ossorio. Edipo en Colona, de Sófocles, versión de Jorge Márquez, dirección de Juanjo Granda. Música: Luis Cobos. Iluminación- Teo Escamilla. Vestuario: Miguel Crespi Escenografía: Mónica Vargas. Intérpretes: Fermín Reixach, Miguel Palenzuela, Manuel Gallardo, Vicente Gisbert, Carlos Álvarez Novoa, Malte Brik, Antonio Duque, Manuel Pereiro, Lola Muñoz, Félix Ceballos, Manuel Agredano, Joaquín Galán, Paco Hernández, Jullán Herrero, Pedro Pablo Juárez, José Ortega, José Palao, Miguel Palao, Miguel Tubía, Jesús Manuel Villar, María Luisa San José, Vicente Gisbert, Tony Isbert. Lugar: Patio del Cuartel del Conde Duque. Madrid. Días 24, 25 y 26 de julio.

Un tremendo esfuerzo para los intérpretes, especialmente para el Edipo permanente, Fermín Reixach, quien, a pesar de la considerable ayuda del micrófono, tiene que entregarse a la voz de la tragedia. Un esfuerzo aún mayor de los espectadores, que quieren tener la atención puesta en la obra y su lenguaje, y el cuerpo deformado por las sillas de plástico duro, las gradas estrechas; con un calor crudo y un bar de precios abusivos y rebosante. Este esfuerzo de dar, seguidos, los dos Edipos se comprende poco. No es un tributo a la fidelidad al original, porque no siempre la conserva, ni merecería la pena; tampoco lo es la fuerza de los dos espectáculos, porque como tales son pobres. Los vestuarios son de una gran arbitrariedad: sacados de cualquier guardarropía -lo parece-, tienen rasgos venecianos, romanos, palestinos e incluso, en algún momento, griegos. Tampoco es el homenaje a un divo: Reixach tiene tonillo y poca convicción. No es exactamente criticable, como ninguno de sus compañeros de viaje -de Mérida a Madrid, y donde caigan después-, sino a la dirección elemental, a la pobreza general, a una desgana flotante. No se ven más razones que las de cumplir unas bases de producción para el Festival de Mérida, que va degenerando poco a poco, y de aprovechamiento para Madrid, que este año no ha colocado en sus Veranos de la Villa nada de teatro: no seré yo quien se lo reproche, a la vista de lo que fueron, salvo alguna excepción, los anteriores: una muestra, también, de degradaciones. Y un par de fechas libres para meter juntos a estos Edipos.

Desastre

A mi parecer, un paso atrás, un desastre más para el teatro. Otra trampa cultural. Algunas personas van por primera vez al teatro, en estos festejos Populares: decidirán no volver en su vida al salir, agotados y sudorosos, aburridos hasta morir, sedientos y adormilados. Si sirven para que una troupe numerosa de teatro se ayude así a ganarse su vida con los dineros públicos, menos mal. Pero están sembrando el desprestigio para el teatro: que luego se queja. Apatrodiado, desangelado, zarzuelescos, descuidado, torpón, esta sesión doble muestra un espectáculo indigno.

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