Editorial:Editorial
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Ucrania independiente

LA VICTORIA de la independencia ucrania en el referéndum del domingo pasado, por una mayoría que supera el 90%, anuncia una novedad fundamental en la estructura de Europa. Con sus 52 millones de habitantes, Ucrania se va a convertir en uno de los Estados más importantes de nuestro continente. Un hecho sin precedente, ya que, ligada a Rusia desde 1654, Ucrania nunca ha tenido una existencia estatal propia. Hoy, el deseo de vivir como Estado independiente tiene una fuerza arrolladora. Incluso en zonas como Crimea, donde predomina la población rusa, la gran mayoría ha votado a favor de la independencia. El mismo día, Ucrania ha elegido por sufragio universal a su presidente, acto electoral de no menor trascendencia que el referéndum. La victoria de Kravchuk por un amplio margen -que hace innecesaria una segunda vuelta- demuestra una voluntad popular de evitar el extremismo, de iniciar la vida del nuevo país con un talante de moderación.Mientras su principal adversario -Chornobil- representa un nacionalismo agresivo, con matices antirrusos, con la pretensión incluso de que Ucrania conserve las armas nucleares que están en su territorio, Kravchuk -antiguo dirigente comunista, que desde hace varios años encabeza la evolución de Ucrania hacia la independencia- propugna la cooperación con otras repúblicas. Ha dado garantías de pleno respeto a sus derechos, lengua y cultura a los no ucranios. En el pasado septiembre organizó un acto del desagravio al pueblo judío por los crímenes que sufrió durante la II Guerra Mundial que tuvo un gran impacto. Kravchuk desea una Ucrania sin armas nucleares, y pide la destrucción, con los controles que sean precisos, de las armas de ese género existentes en su territorio.

¿Qué representa la independencia ucrania para el proyecto de Gorbachov de un nuevo tratado para crear una Unión, de Estados Soberanos? Kravchuk no es partidario de ese tratado, si bien considera necesario establecer entre las repúblicas unos lazos semejantes a los existentes entre los miembros de la Comunidad Europea. Fórmula flexible, especialmente ahora que la CE está en plena evolución. En todo caso, después del referéndum es difícil imaginar que pueda salir adelante la nueva Unión tal como Gorbachov la había previsto. Parece más probable que las repúblicas negocien de manera abierta el tipo de relaciones que quieran establecer entre sí.

Por otra parte, el peso de Gorbachov cae en picado, y la presidencia de la Unión supone cada vez menos poder. El Estado soviético sólo pudo evitar la bancarrota total gracias a la decisión de Yeltsin, como presidente de Rusia, de asumir el pago del aparato estatal. A cambio, Rusia ha obtenido de hecho el control del sistema financiero del conjunto de lo que fue la Unión Soviética. Por otra parte, la decisión de los ministros de Defensa de 11 repúblicas -con el soviético- aceptando que éstas creen sus propios ejércitos es otro golpe a los planes de Gorbachov. Si en lo financiero y en lo militar las repúblicas tienden a actuar con plena independencia, se vacía de contenido la proyectada Unión. Ello incrementa los peligros de un nuevo intento de golpe reaccionario o militar, como ha advertido Shevardnadze, y no ayuda en modo alguno a detener la catástrofe económica. Pero la voluntad de independencia de las repúblicas parece imparable.

La nueva situación ucrania plantea un problema internacional cuya solución no puede dilatarse. Era lógico respetar, e incluso apoyar, los esfuerzos tendentes a mantener una unión de las repúblicas ex soviéticas. Las ventajas de tal solución para la seguridad europea son obvias. Pero hoy esas repúblicas son ya protagonistas de la vida interestatal y lo serán cada vez más, al margen de lo que decidan sobre sus relaciones mutuas. Los países de la CE deberían tener una política común -que no sea sólo pasiva- en cuanto a reconocer la nueva situación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 02 de diciembre de 1991.

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