"La arquitectura se ha convertido en un producto de consumo"

ROCIO GARCÍA, Julio Cano Lasso añora las épocas en las que la sociedad se sentía identificada con la arquitectura. "A pesar de que la Acrópolis de Atenas fue una obra elitista, los atenienses se sentían absolutamente identificados con ella. Igual pasó con las catedrales góticas o con las obras del despotismo ilustrado".

Por el contrario, ahora la ar-quitectura ha dejado de ser un valor importante para la sociedad. "La sociedad tiene otras preocupaciones. Es una sociedad educada hacia el consumismo y el hedonismo, y esto choca con la arquitectura como parte impor,tantísima de la cultura. La arquitectura se ha convertido en un ,producto de consumo", dice Julio Cano, "muchos de los promoores que hacen arquitectura la conciben como un puro negocio; no les interesa la calidad, sino que se venda bien". Cano Lasso no elude, sin embargo, la responsabilidad que tienen los arquitectos en ello. "Los arquitectos tenemos muchísima culpa. Dentro de la profesión existe un sector que representa la cultura, con comillas, que cuenta con el apoyo de la crítica y con acceso a los medios de comunicación, y que hace un. tipo de arquitectura que busca llamar la atención, lo novedoso y lo sensacional. La sociedad española está escarmentada de tantos disparates como se han hecho bajo el nombre de innovaciones.

"La austeridad emotiva

La austeridad es quizá el reflejo más inmediato de la obra de este académico de Bellas Artes, que amala naturaleza por encima de todo. "La austeridad en la arquitectura se refleja en la sencillez, pero con emoción, porque una cosa es la sencillez y otra la insipidez. La arquitectura, en realidad, es un reflejo de la persona y de la manera de pensar. A mí me parece que debemos ser austeros y administrar bien los recursos que nos encomiendan. Pienso que la naturaleza.tiene unas leyes de la econonúa muy estrictas y que lo resuelve todo de la manera más sencilla. Por ello creo que debemos seguir esas leyes", señala Cano Lasso, un arquitecto apasionado por los materiales naturales como la piedra, el barro y la madera.

Autor de obras como la transformación del Hospital Real de Santiago de Compostela en el hotel de los Reyes Católicos o una estación de comunicaciones en Buitrago, Cano Lasso encuentra en los numerosos proyectos de viviendas sociales que ha realizado la posibilidad de hacer buena arquitectura. "El arquitecto también tiene que estar sometido a cortapisas. Las viviendas sociales que se hacen dentro de unos límites muy estrechos permiten hacer buena arquitectura porque obligan a una racionalidad. una austeridad y una forma de trabajar que, aunque es dura e incómoda, te impide hacer frivolidades".

En el discurso que hoy pronunciará durante el acto de entrega de la medalla, Cano Lasso, hará una reflexión sobre el sentido de la intemporalidad. A medida que se ha. ido haciendo viejo, dice que ha ido pensando en la importancia de no vivir el momento presente exclusivamente, sino tener un sentido mayor de la intemporalidad. "Mi idea de la modernidad ha ido cambiando y la referencia temporal ha perdido importancia. Me interesa más la obra bien hecha. Hay hombres que vivieron hace 100 o 1.000 años, a los que me considero muy próximo, y, sin embargo, tengo poco en comunicación muchos contemporaneos que me rodean". Y quizá por ello su mayor deseo sería que su obra se encuadrara en el espíritu castellano, "que ha producido obras tan altas como la estatua yacente de El doncel de Sigüenza, las coplas de Jorge Manrique o El Quijote"

La loca aventura de la Expo 92

Julio Cano es un gran aficionado a los concursos. Ha sido su forma de participar en el debate arquitectónico. A lo largo de su vida profesional se ha presentado a un centenar de concursos y ha perdido muchos de ellos. "Me ha gustado ejercer esa forma de deportividad, entrar en ese juego en el que uno expone sus ideas, acepta el fallo de un jurado y tiene la elegancia de perder". Junto con otros arquitectos, entre ellos, tres hijos suyos, Julio Cano se presentó al concurso restringido del proyecto del Pabellón de España en la Exposición Universal de Sevilla y lo ganó. Ya comenzadas las obras, el pasado mes de junio, presentó su dimisión alegando que responsables de la Expo estaban llevando a cabo cambios y toma de decisiones que afectaban a la esencia misma del proyecto. Para él, este tema es algo ya olvidado, y se niega a reincidir enlo que llama "una herida pasada". Siente curiosidad sobre el resultado final del proyecto, y lo único, que dice es que "desgraciadamente., se seguirá pareciendo al,nuestro"."Yo no comparto para nada las ideas de la Expo, pero tengo respeto y simpatía personal por muchas de las personas que están allí. El hecho de que Yo no esté de acuerdo en absoluto con la realización de una exposición universal es algo de lo que me he dado cuenta después. Pero dé verdad que, una vez que la aventura se ha ido desarrollando y poniendo en marcha, me parece un disparate. Me parece que lo que podía haber aportado España hubiera sido una visión del mundo más humanista y crítica hacia el desarrollo tecnólogico. Sin embargo, ojalá yo estuviera equivocado y sea un gran éxito".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0028, 28 de noviembre de 1991.