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Aliocha Coll, el 'último maldito'

Destino publica 'Atila', testamento del escritor suicida

"Mi vida no tendrá ningún sentido cuando haya terminado Atila", había dicho en varias ocasiones. Y Aliocha Coll, harto de "lo insoportable" que le resultaba la vida, se suicidó en París en noviembre del pasado año. Tenía 42 años. Atila, su último libro -texto dificil, hermético- lo publica ahora Destino, que anuncia la publicación, para el próximo año, de otra obra de Coll: El hilo de seda.

"Publicar Atila", comenta Andreu Teixidor, director de Destino, "es una apuesta experimental que ofrece pocas garantías desde un punto de vista comercial, pero, en un momento de devoción por la literatura light, creemos que es bueno que aparezcan libros como éste. Es un contrapunto de reflexión que tiene que existir".Todos coinciden en lo difícil de la obra de Coll. Era, en cierto modo, un hombre a contracorriente de los tiempos literarios que corren. El último maldito, quizá. Para la agente literaria Carmen Balcells, Aliocha "era uno de esos pocos autores capaces de subvertir el lenguaje". Javier Marías escribió que su literatura era "aventurada y a veces difícilmente legible", pero con "un talento verbal y un sentido del ritmo de primer orden". "Es de esa gente que abre nuevos caminos", según Felisa Ramos.

Aliocha Coll nació en Madrid en 1948. Su madre leía Los hermanos Karamazov mientras le esperaba, y a Dostoievski le debe el nombre de Aliocha, aunque se llamara Javier en el registro oficial. Javier, como su padre, el pintor Xavier Coll Mata, que le contagió la inquietud artística y un sentido pictórico de la literatura. Escribía a trazos, con una preocupacíón absoluta por la sonoridad de la escritura.

Aunque nacido en Madrid, Aliocha se crió en Barcelona, de donde procedía su familia. "Estudió Medicina hasta tercer curso en Barcelona, siempre con notas excelentes", cuenta su hermano Horacio, "pero a partir del tercer curso descubre que su vida es escribir, abandona la carrera y se va a vivir a París, donde se casa con Lysiane".

Pintora de origen chino

Lysiane Luong, pintora francesa de origen chino, fue, según su hermano, "la mujer de su vida". La conoció cuando tenía 15 años en la Costa Brava y juntos elaboraron el libro Títeres, publicado por Ediciones Originales. A los veintipocos años, Aliocha llegó a París. Allí se entregó exclusivamente a lo que más amaba, escribir, hasta que se dio cuenta de que no conseguía vivir de la literatura. Recuperó entonces sus estudios y terminó la carrera de Medicina. En su descenso a la realidad, ejercía de médico sólo los fines de semana, para poder dedicarse a escribir. Trabajaba en un distrito mísero, donde conoció de cerca el dolor. Su relación con el dolor llegó a ser tan intensa que, separado de Lysiane, tomó a su cargo a Ivette, una vecina afectada de parálisis. "Hasta el dolor es vanidad", escribió.Con la intención de difundir sus escritos, Aliocha mandó los originales a la agente literaria Carmen Balcells, que quedó deslumbrada por aquella escritura difícil, torturada a veces. "Vi enseguida que era un hombre de vanguardia que escribía para lectores selectos", comenta Carmen Balcells.

A través de Carmen Balcells, Aliocha entró en contacto en Madrid con otros escritores, como Javier Marías y Jaime Salinas, que también quedaron cautivados por el personaje. Él, sin, embargo, prefería hacer vida aparte. Al margen. "Nunca se adaptó a los ambientes literarios", comenta su hermano.

En París, Aliocha volvió a encerrarse en la escritura, mientras luchaba contra lo que él mismo llamaba "la enfermedad de la melancolía", la "nostalgia infinita" que le envolvía,

En 1985 publicó en Alfaguara Vitan venturi saeculi y, en la misma editorial, apareció su traducción de cuatro obras de Marlowe. Otras de sus obras son Mensiones, Ofelia, Casandra y Juana de Arco, Ética, Epistomologia, Poemas, Cuarta persona, Antimonio, Dolos, Anestesia y distesia y Sonetos. Tres días antes de su muerte le llegó a Carmen Balcells el manuscrito de Atila. Era su testamento literario. El 15 de noviembre de 1990 se suicidó en París.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de noviembre de 1991