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ZARAGOZA

La jota hizo lo que pudo

Esperar en una corrida de toros que levante el espectáculo la siempre vibrante jota, que en el coso de la Misericordia se interpreta a la salida del último toro, es mucho esperar. Pero en esta primera del Pilar el respetable, que se estaba aburriendo de lo lindo, dio como un respingo cuando se oyeron los sones de la recia danza popular. Cúlpese especialmente el citado aburrimiento a la flojedad y poco juego de las reses del señor Núñez del Cuvillo, que casi todas midieron la arena y se ahogaron por algo más que por el exceso de kilos.Roberto Domínguez, ante un lote muy deslucido, ejerció de maestro, lo cual le hubiese lucido mucho más con otro tipo de toro. El primero, con movilidad pero incierto, fue tratado con mimo y suavidad, en una faena más para aficionados. El cuarto, cornicorto, distraído y queriendo irse, que puso en dificultades a rehileteros tan seguros como Curro Cruz y Pedrín Sevilla, fue minuciosamente lidiado por Domínguez en los dos primeros tercios, pero en la muleta no permitió un lucimiento completo.

Núñez del Cuvillo / Domínguez, Bermejo, Taurina

Seis toros de Joaquín Núñez del Cuvillo, con kilos y en general pobres de cabeza, mansos y muy flojos, a excepción del 5º, bueno. Roberto Domínguez: estocada desprendida (ovación) y estocada entera y dos descabellos (aplausos). Roberto Bermejo: estocada arriba (ovación) y dos pinchazos, estocada y cinco descabellos (aviso y pitos). Niño de la Taurina: estocada desprendida (palmas) y pinchazo y estocada (ovación). Plaza de toros de Zaragoza, 8 de octubre. Primera corrida de toros de la Feria del Pilar.

El toro de la corrida

Roberto Bermejo entró en la feria por la vía de las sustituciones y el paisanaje. En su primero se mostró decidido, pero casi siempre ligero y sin cruzarse; sin embargo, lo mató muy bien. D¿saprovechó al toro de la corrida, el quinto, que también fue astifino y el más ofensivo por delante. Quiso y no pudo, porque, aunque tragó en algún momento, casi nunca se cruzó ni ejerció el necesario mando.Niño de la Taurina banderilleó con lucimiento a sus dos enemigos, y con especial riesgo al sexto. El tercero había hecho concebir esperanzas en el tercio de varas, por lo que su matador lo brindó al público, pero pronto se puso a la defensiva y con sus derrotes impidió la faena. El sexto fue un toraco, mansito, cumplidor y muy soso, con el que el joven Collado mostró nuevamente deseos de complacer, en un muleteo aseado, pero algo dilatado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de octubre de 1991