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Editorial:

Ebullición en la periferia

LOS ACONTECIMIENTOS en la Unión Soviética evolucionan a velocidad de vértigo desde que fracasó el golpe de Estado contra. Gorbachov hace poco más de un mes. Hoy es el sur el que se desestabiliza. Por una parte, en la pequeña República de Tayikistán -colocada a caballo entre Afganistán y China-, los viejos comunistas han dado un golpe de mano para conservar sus privilegios. En Georgia, por otra, la república cristiana y acendradamente nacionalista, su presidente confunde elección democrática con patente de corso dictatorial. Finalmente, en Azerbaiyán y Armenla, los presidentes ruso y kazajo, Yeltsin y Nazarbálev, intentan mediar en el intratable conflicto étnico de Nagorni Karabaj. Tres problemas de diferente naturaleza, pero similarmente anclados en el pasado.Para los tayikistanos, el estado de emergencia decretado anteayer para los próxirrios meses no debe de ser muy distinto al estado general de tiranía que padecieron durante el régirrien comunista. Desde la declaración de soberanía en agosto de 1990, la república había ido evolucionando lentarriente hacia una modesta forma de libertad. En la euforia posgolpista del agosto moscovita, sin embargo, el presidente interino de la República, Aslonov, decretó hace días la transformación del partido coniunista en un partido socialista "parlamentario" y, la confiscaclión de sus bienes; nada extraño si se considera que, poco antes, Gorbachov había disuelto el PCUS en la URSS. Ante tamaño asalto a sus privilegios, la vieja guardia con poder en el Parlamento decidió destituir al presidente y reemplazarle por el anti uo líder comunista Rajmán Nabiev. Es de prever que este golpe de mano seguirá el camino del de agosto.

En Georgia prosiguen los enfrentamientos entre el presidente Gamsajurdia. y una oposición integrada por estudiantes, intelectuales, parte de la Guardia Nacional creada- y un grupo político organizado en torno al antiguo primer ministro Sigua. En mayo, Gainsajurdia, un político no comunista, resultó elegido por una aplastante mayoría; desde entonces, ha hecho gala de modos extraordinariamente antidemocráticos de gobierno. Mientras la oposición exige su dimisión, las fuerzas leales a él intervinieron con inusitada violencia el pasado día 2 para disolver mani festaciones antigubernamentales. El resultado de todo ello es que la capital, Tbilisi, estlá dlividida en dos, el orden público es precario, Gamsajurdia ha enajenado cualquier simpatía que tina Georgia independiente hubiera podido granjearse: en Occidente, y no se ve cuál pueda ser el final del drama. Aunque ciertamente, parece difícil que, como temen muchos georgianos, acabe en una intervención armada rusa. No está la URSS para semejantes aventuras.

Borís Yeltsin, en efecto, tenía en mente otro tipo de intervención cuando, acompañado por Nursultán Nazarbáiev, presidente de Kazajstán, la otra gran república soviética, se reunia ayer con los presidentes de Armenla, Ter-Petrosian, y de Azerbaiyán, Ayaz Mutalibov. Se trataba de encontrar una via pacífica de solución al conflicto planteado por la región autónoma de Nagorni Karabaj, un enclave armenlo -cristiano- dentro de la república azerí -musulmana-, que votó en 1988 por la secesión. Desde entonces, la tensión y la violencia han sido constantes: 800 muertos y miles de refugiados fueron la consecuencia, entre otras cosas, de la intervención del Ejército soviético a favor de las tesis azeríes. Ahora la solución no es sencilla; mientras Yeltsin se pronuncia con simpatía a favor e las tesis nacionalistas armenlas, Nazarbáiev a quien el movimiento independentista cosaco tiene en aprietos en Kazajstán- se inclina por el mantenimiento de la integridad territorial de Azerbalyán. Córno dos mediadores que sustentan posturas diferentes van a conseguir conciliarlas para propiciar la paz es cuestión nada sencilla de resolver. Lo que es seguro, sin embargo, es que el nacionalismo armenio de Nagorni Karabaj se habrá sentido reforzado con el aplastante resultado positivo de] referéndum de independencia celebrado en Armenia el pasado domingo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de septiembre de 1991