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LA REVOLUCIÓN DE AGOSTO

La torpeza de los golpistas

"Se acabó. Golpe de Estado. Segurarnente detuvieron a Yeltsin en el acropuerto". Estas fueron las primeras palabras que en la mañana del lunes dijo a su mujer un periodista al enterarse de que una junta de ocho altos dirigentes soviéticos había tomado el poder. Indudablemente, fueron muchísimos los que tuvieron el mismo pensamiento, y hoy son millones en todo el mundo los que se preguntan cómo los golpistas no neutralizaron de inmediato al presidente de Rusia, Borís Yeltsin, el único enemigo serio que podían tener, pues, como dernostraron este verano las elecciones presidenciales rusas, contaba con el apoyo de la mayoría.El día elegido para el golpe no poolía ser mejor. El domingo, cuando la junta firmó los decretos que sancionaban el cambio de poder, Yeltsin llegaba desde Almá Atá, donde había ido a reunirse con el presidente de Kazajstán, Nursultán Nazarbáyev. Habría sido muy fácil ir a esperarle al aeropuerto y detenerle. No hacerlo fue sin duda el prirner gran error de la junta.

El segundo es tanto un error de ésta como de Yeltsin: él mismo cuenta que el lunes por la manaria trató de entrar en su despacho del Kremlin. Otra magnifica ocasión perdida: los golpistas podrían haber dado órdenes de que le dejaran entrar pero que no le permitieran salir. Esto lo comprendieron más tarde los líderes rusos, y cuando se decidió ir al Kremlln a hablar con el presidente del Parlamento, Anatoli Lukiánov, no dejaron ir a Yeltsin. Como tampoco se le permitió ir a Crimea.

Figura decorativa

El presidente soviético, Gorbachov, en cuanto se reintegró a su cargo cometió un error fatal para éI, que le hizo perder todo poder real para convertirse en una figura decorativa, "como la reina de Inglaterra", al decir de los soviéticos. Nombró a la cabeza de las estructuras represivas del país a los vices de los golpistas, personas conocidas por sus ideas reaccionarias y que no podían ofrecer ninguna garantía a los demócratas de que no habría otro intento de golpe de Estado.Este error fue el mejor regalo que Gorbachov pudo hacer a su antiguo rival, Yeltsin. Si a la cabeza de los Ministerios de Defensa e Interior y del Comité de Seguridad del Estado (KGB) hubiese puesto a personas más aceptables, al líder ruso le hubiera resultado mucho más difícil dar el golpe magistral que dio el viernes. Que fue el segundo golpe en una semana no cabe duda: los hombres elegidos por Gorbachov no alcanzaron a durar un día y fueron reemplazados por generales fieles a Yeltsin. Más aún, al día siguiente, el presidente encargó a reconocidos liberales que apoyaban a Rusia, entre ellos, a Iván Siláyev, el primer ministro de esta república, que organice el nuevo Gabinete de la URSS., Y Yeltsin dicta decretos olirigidos contra el PCUS que luego tienen su continuación en otros decretos de Gorbachov que sellan la desaparición de la organización política que durante más de 70 años gobernó a su arbitrio en la URSS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de agosto de 1991