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"Los 'civilizados' tenemos que aprender de los indios"

Tres veranos después de su última gira por España, Milton Nascimento actúa mañana en Barcelona, y, a continuación, en Valencia y en Madrid. El músico brasileño, admirado por artistas como Paul Simon, David Byrne o Quiney Jones, y al que le acaban de dedicar amplios artículos The New York Times, The Washington Post y Le Monde, parece haber alcanzado por fin, a sus 48 años, el definitivo reconocimiento popular con Txai, un disco que grabó bajo el influjo de los habitantes de la selva amazónica.

"A pesar de todo lo que sufren no existe el miedo. Hay un brillo en sus ojos, de confianza en el futuro, en aquello en lo que creen, que no había visto hasta entonces en nadie", dice Milton Nascimento, recordando su estancia entre los indígenas de la selva amazónica. "Saben que tienen razón y que el mundo exterior va a tener que detenerse en algún momento para solucionar las cosas que han de solucionarse. Es impresionante su sabiduría".El último disco de Nascimento; Txai, que en el idioma de los indios kaxinawa significa "otra mitad de mí mismo", ocupa desde hace siete semanas el número uno en la lista de world music de la revista Billboard, la biblia de la industria discográfica. Y la correspondiente gira por Estados Unidos y Canadá, que ahora llega a Europa, se ha saldado con todos los recintos llenos y un público muy receptivo. "La expectación llegó a tal punto que en Los Ángeles por ejemplo tuvimos que dar dos conciertos seguidos la misma noche porque si no la cosa estaba negra".

Redescubierto

Y es que los estadounidenses parecen haberle descubierto por tercera vez. La primera fue en 1968 cuando grabó allí su disco Courage; la segunda, en 1975, tras participar en el Native dancer de Wayne Shorter. Se lo toma con buen humor. "Si ésta no es la definitiva, por mi, pueden continuar descubriéndome cuantas veces quieran".Para el compositor y cantante brasileño, que el próximo mes de agosto cumplirá 23 años de carrera y que ha grabado 22 elepés, se trata de "un regalo por tantos años de lucha". Un éxito que atribuye a una conjunción de factores: "El tema que trata Txai; la fantástica cobertura que le ha dado la prensa norteamericana; y, también, el gran apoyo que Paul Simon nos está ofreciendo tanto a mí como a la música brasileña con su nuevo disco. Sin olvidar el hecho de haber pasado de la categoría jazz a la de world music, en la que cabe cualquier cosa que no haya sido hecha en Inglaterra o Estados Unidos, y que abre un campo más amplio".

"Yo adoro el jazz pero lo que ocurre en Estados Unidos, aquí en Europa no sé si tanto, es esa terrible manía de etiquetar. Al que le gusta el jazz no escucha el pop; al que le gusta el pop no oye rock... Cuando lo que hay es música. Y la música, simplemente, o te gusta o no te gusta; es buena o mala".

La idea de Txai nació en California, mientras Milton Nascimento supervisaba las mezclas de su penúltimo álbum, Yauareté (1987). "Tenía ganas de tratar ese asunto, como ya habíamos hecho con la problemática de los negros desde la esclavitud, en la Missa dos Quilombos, pero sólo quería hacerlo a condición de poder ir hasta aquellos lugares; para conocerlos de verdad. Entonces se produjo una curiosa coincidencia porque mientras nosotros estábamos allí lejos, pensando en eso, en Brasil se constituía la Alianza de los Pueblos de la Selva, una entidad de los propios indios y seringueiros (trabajadores del caucho). Sus líderes me buscaron para ser miembro de la alianza, y les respondí que era un honor, aún más, un deber. Fueron ellos los que me facilitaron el viaje a la Amazonía. Recorrimos durante 18 días el río Juruá, en el Estado de Acre, en barco y canoa... Deberías ver lo que es permanecer sentado en una canoa, ¡es terrible!", comenta riéndose. "Fue algo maravilloso porque nos detuvimos en todos los lugares, a orillas del río, para hablar con la gente. Y esa es la mejor parte de la historia porque nadie sabía quién era Milton Nascimento pero me recibían con los brazos abiertos".

Han transcurrido casi dos años desde aquel viaje por las tierras más remotas de Brasil pero el embrujo no le ha abandonado. "Tienen una extrema capacidad poética. Ya sean viejos, niños, jóvenes... Cuando abren la boca para hablar sólo sale poesía; triste o alegre, siempre es hermoso intenso. Y está el sentido de la fraternidad, de la solidaridad verdadera; algo que los habitantes de la ciudad o nunca conocieron, o lo han olvidado, o no quieren saber. Es tan auténtico que pensé: he pasado años tras eso y está ahí, tan cerca".

Derechos de autor

Por primera vez los indígenas recaudan derechos de autor por su colaboración en un disco. "La mayoría de la gente que va hasta allá, graba o filma, y los indios ni siquiera saben lo que se han llevado", dice. "Tanto los indios como los seringueiros viven en pésimas condiciones, de total abandono, así que la Alianza de los Pueblos se encarga de ese dinero, y ellos mismos lo utilizan como mejor les parece".Además, Milton Nascimento es miembro de Amnistía Internacional, Greenpeace y la fundación Damelle Miterrand. "Estoy disponible para cualquier cosa que necesiten de mí", asegura. Aunque muy preocupado desde siempre por la naturaleza, no acaba de ver claro lo de Eco 92, la conferencia sobre el medio ambiente convocada por las Naciones Unidas para el año próximo, en Río de Janeiro. "La gente de la Alianza está discutiendo en estos momentos cómo va a ser nuestra participacion. Cuando vuelva a Brasil, y según lo que hayan decidido, veremos. Ahora bien, al margen de eso, no tengo mucha confianza, porque el Rio-Eco no puede limitarse a que esas personas de todos los países lleguen y encuentren que Río de Janeiro es la ciudad más bonita del mundo, y que luego todo siga igual...".

Para el músico de Minas Gerais, de quien el obispo Casaldáliga escribió "canta Milton, las estrellas no pueden permanecer impasibles", es necesario que el mundo cambie. "Porque todavía no he llegado a comprender aquello que aprendimos de pequeños en la escuela, y que dice que el hombre es el único animal que razona, que tiene inteligencia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de julio de 1991

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