Nepal estrena democracia

La prioridad del nuevo Gobierno es acabar con la corrupción

Las campanillas de las pagodas de Katmandú siguen llamando a la oración cuando las cimbrea el viento, pero los grupos de jóvenes que se apiñan alrededor de los vendedores de periódicos para leer las cuatro páginas que no tienen dinero para comprar revelan que algo importante ha cambiado en Nepal. El reino de las montañas estrenó la semana pasada su primer Gobierno democrático en 32 años. Ahora todos esperan que cumpla su misión: acabar con la corrupción.

"Le he dicho al rey Birendra personalmente que debe tar al rey Juan Carlos y dejar de arruinar el país", declara a este periódico Man Mohan Adhikari, presidente del Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unido, UML) y flamante jefe de la oposición parlamentaria.Birendra se vio obligado hace un año a destituir a su Gobierno; aceptar uno de transición con miembros de los partidos políticos que se comprometía a reconocer; permitir que elaboraran una Carta Magna que le negaba su poder absoluto y le convertía en monarca constitucional, y autorizar la celebración, el 12 de mayo pasado, de elecciones libres.

La difícil geografía y el atraso del país, de 17 millones de habitantes, hizo muy lento el recuento de los votos. Mientras miles de hombres con la urna a la espalda recorrían a pie durante días las veredas de las montañas hasta llegar a la ciudad donde debían depositarla, los votantes de la capital daban una victoria aplastante a los comunistas, que finalmente perdieron en el conjunto del país frente al partido del Congreso de Palí (NC).

El Parlamento aún no ha celebrado su, primera sesión, pero Girija Prasad Koirala, líder del NC, ya ha nombrado a sus 15 ministros -14 hombres y una mujer- que serán las personas mas tentadas de todo Nepal. "La corrupción es tan grande que invade cada ministerio de arriba a abajo y de abajo a arriba, impidiendo que se descubra a su culpable", afirma Adhikari.

El jefe de la oposición confiesa que "es posible que los dos ministros comunistas que participaron en el Gobierno de transición "también se pringaran", y se compromete a cooperar plenamente con Koirala para investigar todas las corruptelas administrativas, incluidas las de sus seguidores.

Arjun, de 29 años, procede de una aldea remota de las montañas del oeste nepalí. Ahora vive en Katmandú, donde estudia Telecomunicaciones por la mañana temprano y sufraga sus gastos con un trabajo en un banco y otro en una librería. Arjun votó a los comunistas porque cree que "son los únicos que pueden hacer algo contra una corrupción que no nos deja vivir".

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Contra la autarquía

"Occidente se ha cansado de dar dinero para el desarrollo de Nepal ya que vaya directamente al bolsillo del rey y a sus cuentas de Suiza o de Londres. Por eso, muchos países respaldan nuestra lucha contra la autarquía", añade Adhikari. Los comunistas nepalíes se han puesto tantos adjetivos que antes de hablar con ellos uno piensa que son estalinistas; sin embargo, de la mano de este viejo luchador de 71 años, defienden un programa de corte socialdemócrata. "Nepal es un país con muchos recursos, pero sin dinero para explotarlos. Defendemos la entrada libre de capital extranjero y el sector privado como método de industrialización", afirma.La religión está profundamente arraigada en Nepal, el único país del mundo confesionalmente hindú. Según la tradición, el rey es la reencarnación del dios Vishnu, pero sus excesos y la pobreza endémica que padece la nación han llevado a muchos nepalíes a poner en tela de juicio su gestión o al menos la de la reina. "El rey es débil y la reina maneja el país como le da la gana", señala un pequeño comerciante.

Sin embargo, Adhikari, a quien Birendra ha mantenido entre rejas durante 15 años, señala que "no sería ni realista, ni práctico" tratar de derrocar a la monarquía. "Lo importante está hecho. Ahora existe una Constitución y el rey no tiene otro remedio que someterse a ella". .

Según Paloma Verdagay, una española que hace 10 años que enseña castellano en Katmandú, nunca los nepalíes habían mostrado tanto entusiasmo, tanta solidaridad y tanta fuerza como cuando decidieron hace un año poner fin a la autarquía".

Días difíciles esperan al nuevo Gobierno, que cuenta con 110 escaños de los 205 del Parlamento. A la dura lucha contra la corrupción, la pobreza y el analfabetismo, se añaden las enormes expectativas que la población ha puesto en la democracia. Los nepalíes creen que sus problemas han tocado fondo y que el reparto de las vacas gordas está por hacer.

Los comunistas, que obtuvieron 69 escaños, defienden el fin de los latifundios y el reparto de la tierra entre los campesinos que las trabajan. "Esto se debe fundamentalmente a que los terratenientes no invierten en las tierras y muchas están baldías. Pero el reparto ha de hacerse adecuadamente, y después de compensar a los propietarios", dice Adhikari, al comentar el único punto de su programa con carácter puramente comunista. "Nos hubiera gustado una Constitución laica, pero hubo que ceder, y habrá que ceder en muchas otras cosas", baticina al reiterar su llamamiento al Congreso para que gobierne con un pacto.

"Soy cauteloso porque si se pone en peligro la democracia que nos ha costado 32 años traer el único que saldrá ganando será el rey", afirma.

Fuentes diplomáticas indican que una de las tareas más difíciles del Gobierno será precisamente el ejercer sus poderes ya que hasta ahora había "dos Gobiernos paralelos, el Gobierno así llamado y la secretaría de la casa real, que en la práctica tenía más poder".

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 04 de junio de 1991.

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