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Alfonsín reconoce los males de las leyes de perdón para los militares argentinos

El ex presidente argentino, Raúl Alfonsín, citado a declarar como testigo del fiscal en el proceso civil contra los cabecillas del alzamiento de los carapintadas del 3 de diciembre, admitió los efectos contrarios a sus deseos que provocaron las leyes de punto final y obediencia debida, dictadas para acabar con la revisión de los crímenes de la dictadura.Alfonsín negó los supuestos pactos con los sublevados de la Semana Santa de 1987 y de diciembre de 1988, sobre los que la defensa basa su estrategia para justificar los hechos posteriores. El ex presidente, sentado frente al tribunal en la misma sala donde se juzgó por iniciativa suya a los comandantes de la dictadura que encabezó el general Jorge Videla, -indultado luego por el presidente Carlos Menem- se sometió a las preguntas durante más de cuatro horas y defendió con dignidad y coraje la revisión de la política militar de su Gobierno.

Alfonsín reaccionó de forma airada ante preguntas de los defensores que intentaban vincularle con grupos o acciones terroristas, como el ataque contra el cuartel de La Tablada en enero de 1988. El abogado José María Soaje Pinto insinuó que fue una orden de Alfonsín la que desencadenó el ataque guerrillero. En ese momento, el ex presidente, muy nerviososo, gritó: "¡Eso es una enormidad que yo no puedo tolerar en silencio!". El juez, Juan Rodríguez Basavilbaso, que presidía la audiencia y se encargaba de retransmitir las preguntas, pidió a Alfonsín que se calmara: "La va a tener que tolerar en silencio conteste cuando el tribunal lo autorice".

Precisión de Alfonsín

En un momento, cuando la abogada Amalia Vanasco, defensora del coronel Mohamed Alí Seineldín, el jefe de los carapintadas, preguntó "si las convicciones democráticas a las que se había referido el testigo eran las de la social democracia", el presidente del tribunal intervino de inmediato y dijo "no ha lugar", pero ya Alfonsín había gritado también: "¡No eran las fascistas, seguro!". Rodríguez Basavilbaso logró controlar la sesión y evitó que la defensa convirtiera al testigo en un acusado.A petición del fiscal, el expresidente argetino Raúl Alfonsin definió a los carapintadas como "elementos con poco apego a los valores democrátricos, racistas, totalitarios y fundamentalistas". Soaje Pinto se reservó para el final un golpe de efecto al decir al tribunal que aportaría las pruebas para demostrar que Alfonsín había cometido el delito de "traición a la patria".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de mayo de 1991