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Tribuna:INFLUENCIA MUSICAL DE UNA CIUDAD ALEMANA

Mozart y Mannheim

MIGUEL ÁNGEL GÓMEZ MARTÍNEZNumerosas personalidades de la música han tenido relación con la ciudad de Mannheim, tanto en la época de los príncipes electores, hasta 1778, como en épocas posteriores. Precisamente en estas personalidades, sobre las que destaca Mozart, se refleja la gran brillantez de la vida musical de esta ciudad alemana, de la que el articulista es director general de música.

Mozart tuvo una relación muy estrecha con Mannheim. En la primera ocasión que estuvo en esta ciudad, en 1763, fue cuando se le permitió tocar ante la corte: era un niño prodigio de siete años.En aquella ocasión le acompañaba su madre. Después, 15 años más tarde, le acompañó su padre. Esta segunda presencia en Mannheim tuvo una influencia enorme y decisiva en el desarrollo del joven Mozart, tanto artístico como humano, a pesar de que las esperanzas que tenía de convertirse en el compositor de cámara de la corte no se realizaron. Pero, existían muchas intrigas en contra del joven señor maestro, cuyas declaraciones públicas solían ser imprudentes, aunque sinceras. A pesar de ello, Karl Tneodor estaba absolutamente decidido a contratar a Mozart, puesto que su música le encantaba. Sin embargo, parece ser que fue el abate Vogler quien consiguió retrasar la decisión del príncipe elector. Poco después, en diciembre de 1777, se decidió el traslado de la corte a Múnich, y esto modificó todos los planes, puesto que, lógicamente, la orquesta y la ópera se trasladaron con la corte. Esto sucedió en el verano de 1778.

La influencia de la atmósfera musical de Mannhemí tuvo para Mozart un valioso efecto. Por ejemplo, en Marinheim conoció por primera vez el sonido del clarinete, que hasta entonces nunca había escuchado. Por otra parte, también las experiencias humano- artísticas fueron esenciales para su desarrollo: su estrecha relación con los músicos de la ciudad, sobre todo con Cannabich y Wendling, y con chicas jóvenes a las que amó más o menos platónicamente, como Gustl Wendling y Rosa Cannabich, y su gran amor de la época de Mannheim, la hija del cantante Weber, Aloysia, de 15 años, cuya hermana menor, Constanza, se convirtió después en esposa de Mozart.

El traslado de la corte de Karl Tneodor fue el motivo de que el encargo de la ópera Idomeneo y su estreno, en 1782, tuviera lugar en Múnich y no en Marindheim unos años antes.

Al regreso de París en noviembre de 1778, Mozart volvió a Mannheim, pero no encontró allí ni a su amada ni a la mayor parte de los músicos, puesto que ya se habían trasladado a Múnich. En su carta del 12 de noviembre del mismo año, Mozart escribe a su padre: "Desde que estoy aquí, no he podido comer en casa ni una sola vez, todos se pelean por estar conmigo. En una palabra: lo mismo que yo amo a Mannheim, Mannheim me ama a mí". Entonces todavía se pensaba que Karl Tneodor volvería a esta ciudad, porque no podría soportar por mucho tiempo "las vulgaridades de los señores bávaros" y el mismo Mozart, que es quien formuló esta frase, se sentía unido a Mannheim y no a Múnich.

Cuando Mozart llegó esta vez, el Príncipe Elector ya había dictado la orden para crear un Teatro Nacional en Mannheim (orden fechada el 1 de Septiembre de 1778) bajo la dirección de Dalberg.

Drama musical

Allí conoció Mozart una nueva variación del drama musical alemán, en la forma de Dúo-Drama, pero que en realidad era un Monodrama, ya que el segundo personaje sólo tenía intervenciones cortas para dar pie a la actuación del personaje principal. Georg Benda fue el compositor más dotado para este tipo de obras, destacando entre otras Medea. Mozart se entusiasmó con ellas y pensó que este tipo de recitado acompañado con música era la verdadera ópera. Mozart compuso con gran placer una ópera en alemán para José II, Zaida (Das Serail), Singspiel en dos actos, pero la siguiente fue en italiano: ldomeneo. Con ella, y gracias a las influencias musicales recibidas en Mannheim, encontró Mozart la síntesis perfecta en el sentido de Johann Christian Bach. Espíritu alemán con idioma italiano. Mozart alcanzó en Mannhelm su absoluta seguridad en sí mismo.

No hay que decir que Mozart no tuvo que enterrar su talento de compositor en Mannheim. Muy al contrario. Pocas veces ha podido trabajar bajo circunstancias más positivas que allí, rodeado de amigos que se encargaban de solucionar todos los problemas económicos para él y para su madre; además, junto al objeto de la primera pasión de su corazón. Así de la armonía del alma y del cerebro surgieron en esos meses de Mannheim composiciones pequeñas, vocales e instrumentales, de una belleza y profundidad incomparables.

A su vuelta de París, al final del año 1778 casi no tuvo tiempo para componer, pero además le faltaba el estímulo: no estaban ni su madre, muerta inesperadamente en París, ni los músicos,... ni Aloysia. Pero la fuga de músicos a Múnich no pudo romper la continuidad de la vida musical de Mannheim ni la relación de esa ciudad con Mozart. Sólo quedaron en ella los músicos menos jóvenes, pero estos iniciaron inmediatamente una nueva serie de conciertos, llamada conciertos de la Academia, que en la actualidad continúa existiendo. Organizada y sostenida económicamente por los propios músicos. Obtuvo éxitos resonantes bajo la dirección del concertino Ignaz FránzI. Lleno de simpatía por esta idea, Mozart compuso para la nueva orquesta un doble concierto para violín, piano y orquesta. Se conservan algunos fragmentos del mismo.

El nuevo Teatro Nacional, que dirigía musicalmente FränzI, se destacó por su dedicación a representar obras de Mozart y en 1790 tuvo el honor de contar con el maestro para dirigir personalmente el estreno en Mannheim de sus Bodas de Fígaro.

Sin embargo es Innegable que el período más prolífico de la presencia de Mozart en Mannheim fueron los meses de su amor con Aloysia. Ese amor fue la gran fortuna de la ciudad de Mannheim, que pudo disfrutar del genio de Mozart y gracias a él enriquecer su historia musical.

Miguel Angel Gómez Martinez es director general de Música de la ciudad de Mannheim.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de marzo de 1991