La muerte electrónica

El fallo del acelerador de partículas de Zaragoza debilita la imagen de la alta tecnología médica

El 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, María Reyes recibió una llamada telefónica del hospital Clínico de Zaragoza, adonde acudía habitualmente para someterse a sesiones de radioterapia. La conversación fue muy breve. "Sólo me dijeron que tenía que ingresar cuanto antes". Nadie le explicó que era una de las 27 pacientes afectadas por un fallo en el acelerador lineal de partículas utilizado en la radioterapia, fallo que se ha cobrado hasta ahora tres vidas y que ha despertado la inquietud de la opinión pública sobre las garantías con que se utiliza la alta tecnología médica en España.

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María Reyes fue ingresada ese 28 de diciembre. Veintidós días después, la familia empezó a inquietarse. "Como no sabíamos de quién echar mano", dice esta mujer de 34 años, "mi padre consultó a su asesor fiscal pidiéndole que hiciese averiguaciones sobre las causas de que estuviera hospitalizada".José María Mariñoso, el asesor fiscal en cuestión, se presentó en el hospital y con una autorización notarial en la mano exigió al responsable del servicio de radioterapia un informe clínico sobre el estado de María Reyes. La cosa no fue tan fácil, pero después de un largo tira y afloja lo obtuvo. El diagnóstico médico de María, al igual que el de otros siete enfermos ingresados por las mismas razones, se limitaba a señalar: "La evolución del paciente es favorable y necesariamente lenta. En la actualidad no existen complicaciones serias". La familia respiró tranquila. Era el 22 de enero. El 17 de febrero fallecía Jesús Ruiz, de 54 años, uno de los compañeros de hospitalización de María.

La noticia fue como un mazazo para los demás pacientes, pero cuando poco después moría otro de estos pacientes, Santiago Esteban, de 52 años, nadie pudo detener el escándalo. Veinticuatro horas después fallecía la tercera víctima registrada hasta hoy, Purificación Oliveros, entre los 27 pacientes afectados por el exceso de radioterapia.

Al mismo tiempo, la dirección del Insalud reconocía que se enfrentaba al accidente más grave del mundo en este tipo de tecnología. La autopsia practicada a los tres fallecidos reveló que la muerte estaba provocada directamente por lesiones derivadas de una exposición a un haz de electrones de energía demasiado alta. La emitida por el acelerador lineal de partículas modelo Sagittaire de la casa CGR-General Electric, con 14 años de antigüedad.

Un aparato de alta tecnología médica del que apenas existen 20 ejemplares en España para atender las necesidades de tratamiento de 65.000 pacientes encológicos al año y que está sustituyendo a las aún habituales bombas de cobalto, dentro de un programa general de adaptación tecnológica de los hospitales públicos españoles. Un programa, llevado a cabo por el Insalud, con particular intensidad en los últimos cinco años, que ha hecho, subir el parque de aparatos de alta tecnología, bien para diagnóstico como escáner, equipos de resonancia magnética y gammacámaras, o bien para terapia, como es el caso del acelerador accidentado, hasta el extremo de que el año pasado las inversiones en este capítulo ascendieron a 1.700 millones de pesetas.

"Los hospitales de hoy usan para todo la electrónica. En este centro hay unos 10.000 aparatos de tecnología medía y alta. Pues bien, el problema es que la Administración no ha comprendido aún que se necesitan algo más que médicos. Que son necesarios equipos multidisciplinares de ingenieros, físicos, biólogos, etcétera, para mantener en condiciones óptimas estos equipamientos", opina el responsable de la sección de ingeniería clínica del hospital Ramón y Cajal de Madrid, Gabriel Sánchez.

El mantenimiento de equipos tan complicados suele recaer en los propios técnicos de las compañías fabricantes.

Ése es el caso del acelerador lineal de partículas de Zaragoza, cuyo coste se sitúa en torno a los 150 millones de pesetas y cuyo mantenimiento, concertado con la compañía CGR-General Electric, supone un coste anual adicional de 12 millones de pesetas. "El acelerador lineal proporciona alta enegía. Como tres veces más que un aparato de rayos X, pero puede programarse para seleccionar diferentes energías de electrones y fotones. Es como tener cinco máquinas en una", precisa Montscrrat Rivas, del hospital Santa Cruz y San Pablo de Barcelona y presidenta de la Sociedad de Física Médica.

Sin dudar de las bondades de esta tecnología, Gabriel Sánchez considera que faltan equipos de ingeniería clínica para hacer frente al control de reparaciones, mantenimiento y utilización de todos estos aparatos.

La presencia en el hospital de Zaragoza de tres físicos, además del personal sanitario de radioterapia, y de un ingeniero jefe de servicio de mantenimiento general no ha podido evitar el dramático fallo del Sagittaire.

"Es un fallo que puede volver a ocurrir", explica el presidente de la Sociedad Española de Radiología Oncologica, Jordi Craven; "un técnico hizo un puente saltándose todos los sistemas de seguridad de que está dotado el acelerador. Una negligencia, un error profesional de los que ya se han dado en las más altas tecnologías. Es como en los aviones, creemos que son perfectos pero a veces se caen".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de marzo de 1991.

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