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Crítica:

Hipnótico

M. J. Sevilla rindió pleitesía a uno de los padres de la música actual. Y Ornette Coleman supo corresponder a este interés sevillano con un concierto lúcido e hipnótico como pocos. Coleman ha ido despojando progresivamente a su música de cualquier manierismo o superficialidad. Temas cortos y concisos, vitalistas y sugerentes, que caen como un auténtico punch en la boca del estómago. A Coleman no le gusta irse por las ramas, explica en pocas palabras grandes historias, sin recurrir nunca a los solos extremadamente largos y farragosos que caracterizan una buena parte del jazz contemporáneo. Elabora sus improvisaciones a partir de las polirritmias cortantes y agresivas que le ofrece la banda, sin alejarse nunca del patrón original. Coleman tocó esencialmente el saxo alto y sólo recurrió a la trompeta y al violín para cambiar el color y matizar dos pasajes.

Ornette Coleman and Prime Time

Ornette Coleman (saxo alto, trompeta y violín), Dave Bryant (teclados), Chris Rosemberg y Ken Wessel (guitarras),Al McDowell (bajo), Denardo Coleman (batería) y Badal Roy (tabla). Teatro Lope de Vega. Sevilla. 11 de noviembre.

El repertorio giró alrededor de los temas que han caracterizado la última etapa del saxofonista tejano (Space warriors, Latin genetics, Song X, etcétera), con la inclusión de nuevas composiciones, alguna retornando viejos riffis de Free o The Blessing envueltos en el nuevo funk harmolódico. Como bis retomó su carismático Dancing in your head a un ritmo vertiginoso, que fue el colofón ideal de un concierto prácticamente ideal.

Coleman presentó por primera vez en España a su nueva banda, en la que teclados y percusiones indias han sustituido a un bajo y una batería, conformando un nuevo color al acompañamiento y superando esa sensación de suciedad instrumental sobre la que Coleman estaba acostumbrado a tocar últimamente. Destacó el teclista Dave Bryant, con un estilo a medio camino entre el minimalismo repetitivo y la contundencia de un Cecil Taylor. Denardo volvió a ser el seguro y fiel bombardero sobre cuyo ritmo implacable todo es posible, y más cuando el legendario Badal Roy coloreaba cada frase con el toque paradigmático de sus tablas. Sin duda puede hablarse de uno de los mejores Prime Time que Coleman ha liderado, y él también debe ser consciente de este hecho porque, por primera vez, dio rienda suelta a sus acompañantes, que pudieron lucirse en diversos solos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de noviembre de 1990