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Entrevista:Antonio CubilloPolítico independentista canario

"España debe crear una Commonwealth ibérica"

Antonio Cubillo Ferreira es una rara avis política. Tiene 60 años recién cumplidos y milita en la utopía con la fe de un practicante. Es el primer creyente de la autodeterminación en Canarias y está en el lado opuesto de santo Tomás de Aquino. No necesita tocar para creer, porque él ya parece feliz moviéndose en el mundo de las ideas, sin importarle demasiado los motivos que les impiden materializarse. Tiene que valerse de muletas desde que dos matones intentaron borrarle del mapa una tarde de abril de hace 12 años en Argel. Y anda de una parte a otra en el jardín del chalé de playa de las Américas (Tenerife), donde pasa los veranos, con esa misma paciencia infinita.

Cubillo ha rejuvenecido 12 años desde que el pasado mes de julio la Audiencia Nacional condenara a 20 años de reclusión menor a José Luis Espinosa, inductor del atentado que estuvo a punto de costarle la vida. La justicia española investiga ahora el aparato policial de la transición, porque presume que estuvo detrás del turbio asunto. El santón de los independentistas canarios se sabe protagonista de una historia de espías españoles y alemanes que él mismo ha reconstruido sin pudor en todo este tiempo. El Cubillo de ayer, aquel personaje que parecía irreal y que surgió del exilio argelino a través de una emisora de radio, es el doble perfecto de un abogado que ejerce hoy en Santa Cruz de Tenerife, sin apenas tiempo para matar el gusanillo político.Fue la pesadilla del ex ministro de Asuntos Exteriores Marcelino Oreja y el enemigo público número uno del Gobierno de Adolfo Suárez. Sólo los estudiantes de séptimo de EGB ignoran, por razones de edad, que este guanche togado puso en jaque a la política exterior de este país cuando cuestionó la españolidad de Canarias. Sus ideas no han cambiado, pero sí su entorno. El día que regresó, en agosto de 1985, hizo como Emile Zola: acusó. Hoy sigue recomponiendo el rompecabezas del atentado y hace aún planes para realizar el viaje suspendido a Nueva York al Comité de Descolonización de la ONU. Con todo, habla bien de la democracia y en particular de la justicia, que le ha hecho justicia. Este africanista empedernido admira el Renacimiento europeo y adora a Leonardo da Vinci. Los últimos sucesos de Oriente Próximo le tienen pegado a la radio de onda corta, su mayor vicio.

Pregunta. ¿Qué va a pasar en el mundo?

Respuesta. ¡Imagínese! Sadam Husein es el Hitler de Oriente Medio. Cuando estuve en Bagdad en 1974 vi que era un régimen policiaco y militarista. Estoy seguro que si lo dejan sigue con Arabia Saudí. Es algo tremendo, una tragedia para todos. A no ser que a este hombre se le pare.

P. ¿Cómo? ¿Usted no pensará en un atentado? (Capta con una sonrisa la aparente contradicción).

R. No, desde luego... No sé cómo. Alguien debe adoptar las medidas necesarias. Se trata de un dictador peligroso. La Liga Árabe no puede detenerlo.

África como africano

P. A usted le apasiona África. ¿Como europeo o como africano?

R. Como africano. He sido testigo de muchas revoluciones en África y he viajado por todo el continente. Llegué a Argelia al año siguiente de su independencia, con Ben Bella, y me quedé allí 24 años. Hice, sobre todo, una gran amistad con Sekú Turé, de Guinea-Conakry. Un día, en El Cairo, durante una conferencia de países no alineados, en 1964, le pedí que colara en su discurso el problema de la independencia de Canarias. Y fue la primera vez que un presidente africano habló del tema. El embajador español protestó. Sí, África me apasiona y me apena. Es un error que no prevalezcan las democracias sino los partidos únicos. Está ahí todavía la guerra estéril del Sáhara. Nosotros, los canarios, tenemos la opción de confederarnos algún día con los saharauis.

P. ¿Qué clase de confederación?

R. Es una idea que lancé en 1969 en un número de la revista África Sie. El gran territorio y los canarios tenemos un pequeño territorio y una gran población. Nos une el mar, el banco pesquero, y hablamos la misma lengua.

P. Uno se pregunta qué le puede interesar a un africanista extasiado como usted de esa otra empresa que es Europa en proceso de reconstrucción y unidad.

R. Es un fenómeno muy interesante. Pero yo recelo de esa Europa unida; se basa principalmente en el interés de los mercaderes. Mi opinión es que debe irse a una Europa de las etnias, de los pueblos. Y tengo la impresión de que, con la reunificación alemana, van a entrar en escena esas nuevas generaciones, que son las que barrieron el muro de Berlín en 24 horas. Cambiarán aquel concepto y podrán dar nuevas perspectivas al proceso europeo. Es curioso que en el caso del Gran Magreb se ha elegido el camino contrario y está condenado al fracaso. Se han basado en una falsa afinidad religiosa (el arabismo), porque no se quieren enterar que no son países árabes sino bereberes. En África la unidad debe comenzar, aquí sí, por lo económico.

P. No se evada así de Europa. ¿Le entusiasma, acaso, algo de ella?

R. Sí, el hombre del Renacimiento, Leonardo da Vinci. Es el personaje clave que transforma la Europa moderna.

P. ¿Qué ha aportado España a Europa?

R. Muy poco. Los españoles no han tenido concepciones políticas planetarias. Los ingleses, sí. Cuando vieron que había que acabar con la esclavitud enviaron la flota británica al Atlántico a combatir el tráfico de negros. Los españoles son los últimos traficantes de esclavos del Atlántico. Los ingleses recibieron a Gandhi, en vez de hacerle un atentado, como me ocurrió a mí. Liberaron las colonias y crearon la Commonwealth. España está todavía a tiempo de corregir los errores históricos y vincular a sus antiguas colonias.

P. ¿Está pensando en una Commonwealth española?

R. Una Commonwealth ibérica, de acuerdo con Portugal. Es difícil, pero posible. Y ése sí es un cometido histórico de cara al 92.

P. Sus correligionarios independentistas van a pensar mal...

R. Sin ningún motivo. Yo pongo sobre la mesa que España puede afrontar ese proyecto propio de las grandes ex potencias coloniales, y nadie debe arrugarse. Deberá antes independizar Canarias, preconizar la autodeterminación del Sáhara, devolver Ceuta y Melilla a Marruecos y recuperar Gibraltar. A España le ha faltado tener una concepción intelectual del colonialismo.

P. Aparentemente, Europa se opone a España en ese tipo de apertura hacia África y América. El Mercado Único es excluyente para los no europeos...

R. España tiene que jugársela y reivindicar un status especial frente a los requisitos del club. Si no, acabará cediendo a las proclamas racistas de Le Pen.

P. Usted salió de Canarias con Franco, en 1962, y regresó con González. ¿Qué opina del cambio democrático?

R. Tendré que abstraerme de Canarias, porque seguimos igual, siendo colonia. El proceso es interesante. Puedo hablar y defender mis ideas por ahora.

P. ¿Qué ha sido del Movimiento para la Autodeterminación y la Independencia de Canarias (MPAIAC)?

R. Sigue funcionando de cara al exterior.

P. ¿La justicia le ha hecho justicia?

R. Me ha hecho justicia porque soy abogado y he tenido un buen abogado. Si no, es probable que hubiera quedado como un crimen impune. Pero no me llevo a engaño. Lo que ha hecho la justicia española con mi caso es para quitarse el sombrero.

P. El Parlamento de Hannover (Baja Sajonia) investigó las conexiones de la policía alemana en el atentado. ¿Qué espera?

R. Que ahora haga lo mismo el Parlamento español.

P. Los diputados españoles condenaron a la OUA por apoyarle ¿recuerda?

R. Sí, menos uno, Xirinachs.

P. ¿Cambió su vida el atentado?

R. Me quitó velocidad; me dejó con muletas.

P. ¿Vio la muerte de cerca?

R. La sentí. No duele. No te enteras. Te ves que te vas. Pero no me apagué. A mí me salvó un partido de fútbol, porque no había tráfico y llegué muy rápido al hospital, con un litro y medio de sangre. Me vi entrar en un pozo negro. Para adentro, para adentro... Estaba llegando abajo y tuve que hacer un esfuerzo para agarrarme. Es como si te fueras cayendo, das un salto y dices: me salvé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de agosto de 1990

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