Crítica:FLAMENCOCrítica
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Bailar sin son

Espectáculo aleccionador, por cuanto nos muestra algunos de los vicios que más daño están haciendo al baile flamenco. El primero de todos, parar` la guitarra. Los bailaores salen, bailan un poquito, paran las guitarras y se dedican con fruición a una exhibición interminable de sus habilidades en el zapateado. Quienes en ello son expertos tienen el éxito asegurado, porque el público es un niño que ante alardes semejantes queda siempre encandilado. ¿Pero bailan realmente? ¿Qué música bailan?Si quien lo hace es un hombre de La clase de Cristóbal Reyes, que no se descompone ni pierde los papeles, y que además hizo un baile por cantiñas admirable, equilibrado y lleno de imaginación, resulta gratificante. Pero con los demás ya fueron otros cantares. La Chana, por ejemplo. Su baile por alegrías -es un decir- fue una serie larguísima de ejercicios varios de punta y tacón, palmas y pitos, zapatazos -a veces con la complicidad del cantaor-, saltos. ¿Pero bailó?

Cumbre Flamenca El Baile

Centro Conde Duque. Madrid, 31 de julio.

Más sentido tiene lo de Juana Amaya y Antonio Canales. Los dos son jóvenes, y quizá por ello juegan, su baza de triunfo al témp'eramento. Y por momentos aciertan, tienen ráfagas de un baile electrizante y emotivo. Pero por momentos esto se queda en el puro esfuerzo fisico, sin más. Y ellos deben saber -sobre todo Canalesque el atletismo tiene poco que ver con lo jondo. En cuanto a Ángela Granados hizo un taranto tópico y gris. Excelente el grupo de guitarristas e irregular el de cantaores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0001, 01 de agosto de 1990.