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Entrevista:

"El diablo habita en los seres humanos"

El director de 'El exorcista' presenta 'La tutora'

William Friedkin, el director de El exorcista y de French connection, está convencido de que si la mujer cree en sí misma sus poderes pueden ser extraordinarios. Para expresar esa idea, Friedkin ha vuelto a optar por el viejo tema de la relación entre la mujer y el diablo. El cineasta norteamericano acaba de presentar en París su último filme, The guardian (La tutora), la historia de una aya que sostiene una relación sobrenatural con un árbol, al que alimenta con los bebés que cuida. La idea procede de la antigua tradición de los druidas, que idolatraban a los árboles. "El diablo habita en nosotros, los seres humanos", dice. La película se estrenará en las pantallas españolas la próxima semana.

A tenor de su filmografía, Friedkin debería ser un personaje hosco, atormentado, intratable. No es así. Friedkin es un individuo de espontánea amabilidad, fino sentido del humor y convencional aspecto californiano; un cincuentón regordete y de pelo grisáceo, en camisa a lunares y pantalones y zapatillas deportivos.El cineasta arranca la conversación contando, muy divertido, porque en el lujoso hotel parisiense donde se alberga no dejan a los clientes atravesar la puerta principal para hacer jogging. Un conserje les hace salir y entrar por una puerta trasera, no vayan a deslucir con su aspecto la elegancia del vestíbulo.

Pregunta. En La tutora vuelve usted a presentar el caso de una joven con terroríficas conexiones sobrenaturales. ¿Por qué ha reicindido 17 años después en la línea de El exorcista?

Respuesta. Desde niño he adorado los cuentos de hadas. Incluso hoy en día pienso que las historias de los cuentos de hadas son tan profundamente reales que las de los periódicos. Pero en el caso concreto de La tutora hay una historia personal. Yo tengo un hijo de siete años, que se llama Jack. Cuando era más pequeño, como mi mujer y yo trabajábamos, tuvimos que contratar a varias niñeras para que le cuidaran. Nuestra experiencia nos reveló que esas niñeras eran siempre mujeres maravillosas con las que terminabas siempre por enfadarte, porque en un momento dado hacían algo espantoso. Una de las que tuvimos, una chica británica a la que dejamos a Jack un fin de semana que fuimos de viaje, aprovechó la ocasión para organizar una orgía en nuestra casa de Los Ángeles.

P. La niñera de su filme se llama Camilla, como el personaje de una vieja novela de terror. ¿Es intencionado?

R. Sí. Se trata de un homenaje a la Camilla de Sheridan Le Fanu, que es una de las primeras obras literarias en las que el protagonista es una vampiresa.

P. El otro gran elemento simbólico de su filme es el árbol, un árbol que se nutre de bebés humanos. ¿De dónde ha sacado esa idea?

R. De los druidas. ¿Sabe que antes del cristianismo los druidas rendían culto a los árboles y les ofrecían sacrificios humanos?

Mujeres malignas

P. En El exorcista, y ahora en La tutora, usted presenta mujeres que tienen una relación muy particular con poderes malignos. ¿Cree que la mujer está mejor situada que el hombre para entrar en contacto con esas fuerzas?

R. Yo no creo que las mujeres tengan una relación particular con el diablo. Sin embargo, como cineasta me interesa mucho ese tema. Los hombres, habitualmente, no temen a las mujeres, mientras que está claro que las mujeres sí que temen a los hombres. Pero la relación de la mujer con el diablo le da a ésta una fuerza extraordinaria, la convierte en una especie de supermujer.

Es un tema que me fascina desde mi primera lectura de Hansel y Gretel, el terrorífico cuento de los hermanos Grimm. Los dos niños están perdidos en el bosque cuando Gretel prueba que puede convertirse en una superbruja porque cree en sí misma. El poder de Gretel y de todas las mujeres es mental. Cuando la mujer cree en sí misma es capaz de muchas cosas y eso lleva el miedo al corazón del hombre.

P. Le van a acusar de ser una especie de apóstol de los cultos satánicos.

R. Mi interés por esos asuntos no es el de un creyente. Le aseguro que no pertenezco a ninguna secta. Mi interés es intelectual. A mí me costaría mucho hacer una comedia porque no veo el mundo como una cosa divertida. El mundo es trágico. La gente nace preñada de tantas buenas promesas que luego se desmienten...

P. ¿Por qué gustan las películas de horror?

R. Porque todos tenemos terribles instintos de enfado, odio y violencia, y los filmes de horror nos permiten exorcizar esos instintos. En la mayoría de los filmes de horror el bien termina venciendo al mal, y eso tanto porque en la vida real también ocurre así con frecuencia como porque si fuera de otro modo sería espantoso. El demonio tiene que morir al final.

No obstante, le confesaré que el mejor filme de horror que he visto es La semilla del diablo de Polanski. Esa película rompe todas las convenciones del género. En ella no hay castigo al diablo, sino una simpatía por el diablo. Yo no podría hacer un filme semejante, pero me parece fantástico que Polanski tuviera tripas para hacerlo.

P. Usted dirigió hace 20 años French conecction, que es una de las primeras películas de éxito comercial donde se aborda el tráfico de drogas. Al parecer, la droga es en su país el verdadero satán de nuestro tiempo.

R. No crea que estoy muy contento del hecho de que French conecction fuera una película profética. Estados Unidos está destrozado por la droga. Es una gran plaga. Y lo peor es que la guerra contra la droga está prácticamente perdida.

P. ¿Por qué?

R. Porque no se la combate allí donde se cultiva y procesa. Si el Gobierno de Estados Unidos quiere de verdad luchar contra la cocaína, lo que debería hacer es ir a los campos de Perú y Colombia y quemarla. La historia de que los campesinos de esos países no podrían vivir sin la cocaína es una mierda. Se destruyen las plantaciones, se pagan los daños a los campesinos y se les enseña a cultivar otras cosas.

P. ¿Y no piensa que en realidad el problema está en los consumidores, en el hecho de que la gente en Estados Unidos toma drogas porque hay algo que no funciona en ese sistema?

R. Eso es evidente. La gente no es feliz y necesita evadirse. La televisión, el café, el alcohol, el sexo o el fútbol también pueden ser considerados drogas. El problema de la heroína y la cocaína es que son drogas directamente destructoras de los individuos que las toman y de la sociedad a la que pertenecen.

P. ¿Usted cree en Dios?

R. Absolutamente. No creo en un gran padre con barba blanca y no me siento a gusto en las iglesias o sinagogas, pero creo que existe algo que escapa a nuestra comprensión, y Dios me parece una hermosa palabra para denominarlo.

P. ¿Cree en el diablo?

R. Sí, pero el diablo habita en nosotros, los seres humanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de julio de 1990

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