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Crítica:DANZA

Soltura coreográfica

El ciclo Ballet clásico en Madrid prosigue con el Ballet Nacional de Baden, compañía nacida en 1977 bajo la dirección del marroquí de origen español Germinal Casado, primer bailarín y escenógrafo de la compañía de Maurice Béjart entre los años 1957 y 1972, y único coreógrafo de esta compañía, que realiza, todavía bajo su dirección, entre 70 y 80 funciones por temporada en su ciudad, Karlshuhe.En el programa con que se presentan por primera vez en Madrid, compuesto de tres piezas basadas en. composiciones del checo Anton, Dvorak resalta la Sinfonía del Nuevo Mundo; un montaje

muy teatral que comulga con la espectacularidad de las imágenes béjartianas antiguas, y con el decálogo de la técnica expresionista moderna.

Ballet Nacional de Baden

Ópera de Karlshuhe. Serenata romántica, Cuatro danzas eslavas y Sinfonía del Nuevo Mundo. Coreografías y dirección: Germinal Casado. Músicas: Antolin Dvorak. Centro Cultural de la Villa.Madrid, 6 de junio.

La Sinfonía del Nuevo Mundo está bailado con un apasionamiento grande -intenta adecuarse a la exaltación y grandilocuencia de la partitura- y al igual que en las Cuatro danzas eslavas el entusiasmo suple o aminora las carencias técnicas -sobre todo del elemento masculino- que deja al descubierto la soltura coreográfica de Casado, buena dominadora de ambos estilos -en estas danzas recrea el coreógrafo la era de Petipa, quien introdujo con especial maestría los acentos y pasos de folclore dentro del lenguaje académico clásico-.

Caídas y saltos

La expresión colectiva en la Sinfonía es una mezcla de curiosidad, temor y tristeza ante un elemento temático no identificado (¿los libertadores y su mundo?) simbolizado en un foco de luz transversal al cual se dirige la expresión de las líneas y movimientos. Las extensiones, contracciones, caídas y saltos, que se efectúan empleando y cortando la tensión para buscar el efecto, que se potencia aún más por la composición nada uniforme de los conjuntos, al actuar cada individuo con su propia forma.El público, que había respondido fríamente en un principio quizá por el escaso atractivo de la Serenata romántica -bailada más bien a destajo que atendiendo al baile suave y enlazado sin sobresaltos, que dictan sus cánones- dedicó al grupo y a sus estrellas, en especial a Florentina Cristali un caluroso aplauso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de junio de 1990