Recuperar al torero

Peñajara / Parada, Muñoz, Mendes

Toros de Peñajara, desiguales de presentación y flojos; 1º, 3º y 4º, sospechosos de afeitado; mansos y poco aptos para el lucimiento. José Luis Parada: pitos; bronca. Emilio Muñoz: oreja; oreja. Víctor Mendes: vuelta; palmas. Plaza Monumental, 15 de abril.

Retornar a Barcelona como lo hizo Emilio Muñoz da gusto: la afición con él, también el respetable, los íntimos ni que decir, el presidente Laureano como si fuera de la familia, pues de ofrecer obsequios al allegado daba cuenta y generoso. Tan sólo faltaron los toros que llaman de garantía, y con éstos la acogida al torero hubiera sido ejemplar. Claro que toros de garantía demandan todos, y mulos apabullaos como los de ayer los tiene el ganadero para ensanchar cercados, allá por la dehesa, y también, por lo visto, para lidiar en la Monumental.Emilio Muñoz no les hizo ascos, qué remedio, tiempo vendrá en que pase de ellos indiferente, mas por el momento, y como anunciado estaba, retornó a esta que es también su plaza y elaboró en su lote torería, aún sin rodaje pero torería al fin, y esto es patrimonio de pocos.

Algo tienen las retiradas que a los toreros de verdad les caen como maná. Debe de ser cierto que el toreo se fragua en el corazón y se madura en la cabeza. Y no menos verdad que la bueyada de ayer, que en otro tiempo tal vez no le hubiera servido al trianero, supo tras el retorno pisarles el terreno y extraer pases bellos y con empaque, desde las verónicas en su primero hasta el sevillanísimo toreo de muleta. Juntar las zapatillas y torear en redondos suaves, llevándose lenta la embestida al ritmo de la cintura, fue obra de un Emilio Muñoz interesantísimo para un futuro cercano.

Parada, a la deriva

A José Luis Parada le está traicionando el sistema nervioso, y ayer se pudo comprobar cuando delante de un lote sin mayores problemas de los habituales, andaba el hombre a la deriva. Puede ser que su enrajado primero, de corto viaje y poca cara, le obligara a extraer toreo de lidia; a tanto no llegó, y descompuesto y sin sitio paseó el tercio, tablas, medios y demás parcelas de la plaza en un constante destoreo. Marmolillo sospechoso de afeitado como para levantar comentarios en corridas de rejones, no daba crédito al ver ante sí un diestro tan precavido, desconfiado y falto de serenidad.

Más bonito que un san Luis y más alegre que unas pascuas llegó de nuevo a Barcelona un Víctor Mendes pletórico y capaz de hacer cátedra del tercio de banderillas. La vistosidad en este pasaje de la lidia justificó ayer su presencia, pues si bien ante su inválido primero, de corto viaje, instrumentó con tesón el cite en corto, abrevió raudo y veloz con el pregonao sexto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0015, 15 de abril de 1990.