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La isla de Cortegada salva su espacio natural

Paralizado un proyecto de urbanización en el único bosque de laurel que queda en España

Santiago de Compostela

La protesta de lo que empezó siendo un pequeño grupo de ecologistas ha logrado después de seis años paralizar el proyecto de urbanización de la isla de Cortegada, en Villagarcía de Arosa (Pontevedra), vendida por Juan de Borbón, conde de Barcelona, en 1978 a una empresa inmobiliaria. Los vecinos, que primero apoyaban masivamente el proyecto, han terminado por anunciar incluso una suscripción popular si fuese necesario para recuperar la isla.

En 1982 muy pocos hacían reproches al plan de urbanización de la isla de Cortegada, cedida en 1907 por el pueblo de Carril (Villagarcía de Arosa) al rey Alfonso XIII para que construyese una residencia veraniega. El propio gobierno municipal de Villagarcía, formado hace ocho años por una coalición de socialistas y comunistas, inició los trámites legales que permitirían construir en una isla -que posee el único bosque de laurel de la península Ibérica-, dos hoteles, 800 viviendas, un auditorio, una residencia real, un campo de golf, un campo de tiro y un puerto deportivo. El proyecto estaba respaldado por la sociedad Cortegada, SA, que había comprado la isla a Juan de Borbón en 1978 por 60 millones de pesetas.Los vecinos creían entonces que el nuevo complejo turístico muy similar al levantado a princi plos de siglo en LaToja, otra isla de la ría de Arosa, supondría un importante beneficio para la actividad económica de la zona. Sólo un pequeno grupo de ecologistas alzó la voz contra el proyecto, por considerar que deterioraría irreversiblemente el patrimonio ecológico de la isla.

Desde hace unas pocas semanas, el proyecto inmobiliario parece ya definitivamente enterrado. En febrero expiró el plazo para el inicio de las obras despues de que la Delegación de Costas en Pontevedra pusiese numerosos obstáculos legales a la construcción del puente que debería unir la isla con la península. El alcalde de Villagarcía José Luis Rivera, del Partido Popular, antiguo defensor del plan, ha dicho ya que en Cortegada no se puede construir, y la Xunta de Galicia se dispone a concretar los trámites iniciados por el anterior Gobierno para declararla parque natural.

"La gente ha cambiado de opinión cuando ha percibido la amenaza que suponía el plan para los viveros de marisco", explica Enrique Bermejo, biólogo farmacéutico y miembro de la Comisión Ciudadana en Defensa de Cortegada. Cerca de la isla se encuentra un importante banco marisquero que algún año ha llegado a producir una tonelada de berberecho pero que ocasionalmente padece las consecuencias del aumento en el flujo,de agua dulce procedente de un río que desemboca en las cercanías.

Riqueza marisquera

En opinión de Bermejo, la construcción del puente de Cortegada colocaría en el lugar una barrera geográfica que agravaría los daflos del río sobre el marisco, principal recurso de muchas familias de la zona. Por eso, después de seis años de continuas protestas ecologistas, ya sólo los propietarios de algunos comercios y restaurantes desearían que la urbanización fuese adelante. Los partidos políticos han ido cambiando de opinión al mismo tiempo que el movimiento ciudadano, como reconoce Xosé Xiráldez, diputado autonómico socialista.

El principal argumento esgrimido por los ecologistas en contra del proyecto ha sido la existencia en la isla de tres hectáreas de bosque de laurel, el último de toda la península Ibérica. "Esta masa forestal es un residuo del terciario, cuando Galicia tenía un clima casi tropical", explica Enrique Bermejo. En este bosque ha sido descubierta una especie de seta desconocida para la ciencia y otras 11 inéditas en la Península.

Los vecinos ponen también de relieve que la isla les ha estado prácticamente vedada durante los últimos 80 años. Un guarda forestal ahuyentaba a os intrusos. Desde hace algunos años los habitantes del lugar ya no se recatan de tomar sus playas durante el verano. En otros tiempos, según cuentan los vecinos, los más asiduos eran los contrabandistas de tabaco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de marzo de 1990