El grupo Carta 77 discute su futuro en la nueva Checoslovaquia
La iniciativa democrática checoslovaca Carta 77, iniciadora de las profundas transformaciones actuales, celebrará mañana su primera reunión pública. Los miembros del movimiento, que fueron durante el anterior régimen totalitario duramente perseguidos, encarcelados, despedidos del trabajo y privados hasta de los mínimos derechos humanos, como por ejemplo el derecho al pasaporte, carné de conducir o teléfono, se encontraran para discutir el sentido de sus actividades en las nuevas condiciones de Checoslovaquia.Carta 77 nació, según dice su nombre, en el año 1977, en plena normalización de Checoslovaquia para hacer frente al proceso de devastación económica y a esa "Biafra del espíritu" que reinaba en el país, según Louis Aragón.
La primera oposición
Era la primera oposición pública de Ios cansados del cansancio", cuando, una vez restablecidos del primer impacto que causó la invasión por los países del Pacto de Varsovia en agosto de 1968 para poner fin a la Primavera de Praga, un grupo de escritores y ex políticos, comunistas y no comunistas, católicos y protestantes, intelectuales y obreros, profesores y jóvenes se unieron para hacer público su malestar.
Sus primeros tres portavoces eran el renombrado filósofo checoslovaco Jan Patocka, muerto tras largos interrogatorios policiacos; el ex ministro de Exteriores Jiri Hajek y el dramaturgo y hoy presidente checoslovaco, Vaclav Havel. No tenían en su programa el derrocamiento del Gobierno, sino, según dijo Havel, "la restauración de la noción de ciudadano, demandando que las leyes sean realmente válidas y respetadas".
Los miembros de la Carta 77 era muy pocos, y será a partir de ahora cuando se conozca la identidad y el número exacto de todos sus militantes. Pese a ello, la iniciativa publicó a lo largo de sus 12 años de existencia un sinfín de declaraciones y análisis de numerosos problemas y entabló contactos con todos los movimientos no oficiales de los demás países comunistas. Su incesante voz crítica afianzaba la resistencia, más o menos silenciosa, del resto de la población checoslovaea y no dejaba de ofrecer una alternativa al poder reinante.
Lo que realmente fue excepcional en Carta 77 fue su significado moral, puesto que representaba la primera experiencia de colaboración de las más diversas ideas y opiniones, una escuela de democracia, un permanente llamamiento a todos y, por tanto, también la vanguardia del otoño checoslovaco de 1989.
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