Crítica:MÚSICA CLÁSICA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Cecilia Gasdia, más que una diva

Este fin de semana ha tenido colores italianos. Actuó con la Orquesta Nacional, bajo la dirección de Walter Weller, un grande italiano del violín: el milanés Uto Ughi, nacido en 1944 y formado con Enesco y Menuhin. Sus características, altamente demostradas en el Concierto de Chaikovski, son las de estilizar sin perder hondura.A partir de un precioso sonido, denso y brillante, y a través de un cantabile de gran nobleza pudimos gozar de un precioso andante, enclavado entre la gran retórica virtuosista del allegro inicial y el leve rusismo un tanto mendelssohniano del final. El dominio técnico de Ughi es absoluto, hasta el punto de que sólo percibimos la facilidad con que queda servida la sustancia musical.

Ciclo Italia-España

Cecilia Gasdía (soprano) y conjunto de la Scala. Obras de Arriaga y Boecherini. Orquesta Nacional. Director: W. Weiler. Solista: Uto Ughi (violinista). Obras de Sorozábal y Chaikovski. Auditorio Nacional. Madrid, 26 de enero.

El éxito fue muy grande pues la ONE tuvo un buen día o, para ser más exactos, una buena preparación por parte de Weller, que además de colaborar con el violinista magníficamente nos ofreció una poética versión de los evocadores Apuntes vascos, escritos por Pablo Sorozábal en 1925, y, cerró el programa con una rutilante traducción de la Cuarta sinfonía de Chaikovski que provocó entusiastas ovaciones.

En la sala de cámara, actuó el viernes por la noche la cantante italiana Cecilia Gasdia (Verona, 1960), en unión del cuarteto de la Seala y el contrabajista Leonardo Colonna, para darnos una sensible y exacta interpretación del Stabat Mater de Boccherini, dentro del ciclo Italia-España.

Existen dos versiones de esta obra: la primera, de 1781, es para voz de soprano y el quinteto de arco, y la segunda, de 1800, se destina a tres voces "para evitar la monotonía y la excesiva fatiga de una sola parte cantante", según escribe el músico de Lucca, aunque advierte que la obra no ha cambiado en nada.

Escrito durante la estancia de Boccherini en Arenas de San Pedro y por deseo del infante don Luis, las 11 partes del célebre texto de Jacopone da Todi encontraron en el italiano madrileñizado una cantabilidad expresiva de extraordinaria belleza, que alterna con aspectos decorativos y otros de profunda melancolía, como el trozo final, que hubo de ser repetido.

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Cecilia Gasdia hizo prodigios, pues si su voz tiene gran mordente por la densidad y el color, su línea belcantista resulta de extraordinaria belleza, y la riqueza de su matización auténticamente conmovedora. La sala de cámara de Príncipe de Vergara se vino abajo, literalmente, cuando la Gasdia y sus colaboradores pusieron fin a la pieza boccheriniana.

Antes, el cuarteto de la Scala expuso una luminosa versión del Cuarteto en re menor, primero de los compuestos por Juan Crisóstomo Arriaga durante su residencia en París, en donde murió a los 20 años, y que, según acertado juicio de Pedrell, "bastarían por sí solos para hacer la reputación de un maestro" que recibió en la capital francesa la influencia y los elogios de Fetis y Cherubini. Fue del gran músico florentino de quien el bilbaíno tomó mayor ejemplo, con lo que el sentido de la conjunción Italia-Espana que preside el actual festival madrileño adquirió nueva plenitud.

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