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Arresto domiciliario de Erich Honecker por sospechas de corrupción

El anciano Erich Honecker, ex jefe del Estado de la República Democrática Alemana (RDA), de 77 años, y otros altos cargos comunistas cesantes vieron ayer cómo su lujosa ciudad residencial en las afueras de Berlín se transformaba en prisión, a la espera de que se investiguen las abundantes sospechas de corrupción que pesan sobre ellos. Ésta fue la última decisión del fiscal general de la RDA, Günter Wendland, antes de presentar su dimisión.También dimitieron, de forma colectiva, los miembros de la dirección de la Oficina de Seguridad, la policía política, que había sido duramente criticada en los últimos días por los miles de manifestantes congregados en distintas ciudades del país.

En total, son 114 los altos funcionarios del partido comunista y de la Administración del Estado que serán investigados. Entre ellos figuran nueve miembros del dimisionario buró político, incluido el hasta ahora todopoderoso responsable de los asuntos económicos, Günter Mittag. El abogado Wolfgang Vogel -famoso por haber intervenido en casi todos los intercambios de espías entre los dos bloques-, que había sido detenido y acusado de chantaje, fue liberado anoche sin cargos.

Las acusaciones que pueden recaer sobre los antiguos funcionarios la existencia de una red de tráfico de armas y divisas, supuestamente encabezada por uno de los niños mimados del antiguo régimen, Alexander Schalck-Golodkowski, ex director de la sección de coordinación comercial, dependiente a su vez de Mittag.

Este personaje, al que se acusa asimismo de exportar ingentes sumas de dinero, poseer lujosas villas y no menos lujosos coches, ha huido del país, supuestamente a Rumanía (el último bastión ortodoxo de Europa), llevándose consigo comprometedores documentos sobre las actividades ¡legales de ex dirigentes de la RDA.

Los ciudadanos de ambos sectores de Berlín comienzan ya a plantearse cómo sería la antigua capital alemana sin el muro de 41 kilómetros y, 470 metros. Se multiplican las propuestas para derruir el muro, conservar algunas de sus partes como monumento o transformar la antigua línea divisoria en un cinturón de parques públicos.

Páginas 3 y 32

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de diciembre de 1989