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Un comité debate en Londres si mantiene la censura de un vídeo sobre santa Teresa

La obra refleja una experiencia erótico-mística

La censura que afecta a un vídeo sobre una experiencia erótico-mística de santa Teresa de Ávila va a ser discutida hoy en Londres por un comité de apelación, que ha de ratificar si el vídeo atenta contra la ley de la blasfemia o es una obra artística a la que puede acceder el público. Visions of ecstasy es la primera producción suspendida por blasfemia en aplicación de la ley sobre Grabaciones de Vídeo de 1984, normativa legal en la que se acaba de basar la prohibición de comercializar el vídeo de la película El imperio de los sentidos por motivos de obscenidad.

Nigel Wingrove es un cineasta novel de 31 años interesado por la estética y la psicología del erotismo -sobre las que trabajó en fotografía hasta concluir que necesitaba un campo más amplio de expresión- que se sintió intrigado y atraído por la experiencia erótico-mística de la reformadora de las carmelitas, en la que buceó, a partir del barroco Extasis de santa Teresa de Bernini y de la lectura de El libro de la vida y Camino de Perfección. "La lucha de santa Teresa contra sus visiones, su profunda localización en el subconsciente y su naturaleza erótica la convertían en un personaje lógico y perfecto para mi exploración", dice Wingrove.El vídeo es un corto de 20 minutos que analiza esa vivencia y cuyas escenas críticas, a juicio del British Board of Film Classification (el organismo oficial que autoriza y califica las películas), son las que muestran a una santa Teresa en éxtasis físico sobre el cuerpo de Cristo en la Cruz, pasaje que "infringe la ley sobre blasfemia" e impide la comercialización del vídeo.

Otras secuencias, que se intercalan con la censurada y muestran un encuentro lésbico entre la santa en éxtasis y su subsconsciente amenazante, no han sido repudiadas por el BBFC, para el que el punto débil de todo el vídeo es que "no hay un intento de explorar el significado de las imágenes más allá de implicar al espectador en una experiencia de voyeurismo erótico", que puede "atropellar e insultar los sentimientos de los cristianos creyentes".

Prejuicios

A Wingrove y al productor, John Stephenson, les sorprendió el dictamen del BBFC, que consideran prejuzga el vídeo al establecer, antes que ningún tribunal, que atenta contra la ley de la blasfemia."Las escenas son muy suaves y la de la cruz no es particularmente agresiva", señala el director, que niega tuviera intención de vilipendiar la fe cristiana -"no digo nada de Cristo, que aparece como una figura abstracta", comenta-, y se siente confortado por la opinión del obispo de Gloucester, John Yates, quien dice "no haber detectado intención deliberada de insultar a Dios y, por lo tanto, desde el punto de vista pastoral, el vídeo no es blasfemo".

Wingrove y Stephenson atribuyen la censura "al extremado conservadurismo de la sociedad inglesa, especialmente en lo relativo al sexo", y hacen notar el peligro de recurrir a la ley de la blasfemia a la sombra del caso de Salman Rushdie, considerado blasfemo por los musulmanes. Esa ley prohíbe la publicación de toda obra "que contenga material despectivo, ultrajante, procaz o burlesco relacionado con Dios, Jesucristo o la Biblia o los postulados de la Iglesia de Inglaterra".

La defensa -encomendada a Geoffrey Robertson, quien recientemente defendió con éxito la causa de un escultor que usó dos pequeños fetos desecados como pendientes en una de sus obras- va a argüir que "el mostrar la visiones eróticas de santa Teresa no envilece a Cristo ni a su vida ni a sus enseñanzas" y que es harto improbable que su autor fuera procesado por blasfemia por un tribunal, fenómeno que sólo se ha dado una vez en los últimos 68 años en Inglaterra, cuando en 1979 la revista Gay News compareció ante los tribunales por publicar un soneto homoerótico a un Cristo en la cruz.

El caso de Visions of ecstasy se revisa en vísperas de que la BBC transmita por radio El amante de lady Chaterly, la novela de D. H. Lawrence que fue objeto hace 30 años del más espectacular juicio por obscenidad visto en el país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de diciembre de 1989