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Entrevista:

Kounellis: "El arte no se rige por ningún mercado"

El artista expone desde el jueves en el nuevo Espai Poblenou de Barcelona

Jannis Kounellis (El Pireo, Grecia, 1936), uno de los artistas más interesantes de la escena contemporánea, está en Barcelona realizando una pieza, para el Espai Poblenou, un nuevo local de arte promocionado por la galería Joan Prats, que será inaugurado el jueves 19 de octubre. No considera oportuno hablar de su obra. Jannis Kounellis formó parte del grupo de artistas del llamado arte povera (arte pobre) italiano a finales de los años sesenta. A juicio de Kounellis, "el arte es un signo de libertad y no puede atenerse a esquemas de mercado". Kounellis hablará esta tarde en la Escuela de Bellas Artes y el miércoles participará en un coloquio, en el mismo Espai Poblenou, con los expertos en arte Rudi Fuchs y Bruno Cora.

Pregunta. En la mesa redonda que agrupó en 1986 a Beuys, Cuchi, Kiefer y usted mismo (que se llevó a cabo en la Kunsthalle de Basilea y que se publicó bajo el título Construyamos una catedral), usted se refería a la clase burguesa anterior a la I Guerra Mundial como garante de la creación de cuadros, garante de la síntesis y guardiana de la moral. ¿Hay añoranza de aquella situación en sus palabras? ¿Cuáles son los cambios que se pueden descubrir hoy?Respuesta. La discusión se centraba en la viabilidad o no de hacer un cuadro, en sus condiciones de existencia. Yo decía que aquella burguesía, a pesar de toda su atrocidad, garantizaba una centralidad indispensable para la realización de un cuadro.

P. Numerosos artistas hoy en día, siguiendo esta noción de nocuadro, realizan instalaciones. ¿No cree que existe peligro de caer en la escenografía?

R. La noción de instalación es ambigua, por no decir falsa, y ha sido acuñada por una manera de pensar típica de una tradición anglosajona. No todas son iguales. Además, lo importante no es esto, sino el objetivo del arte, el sentido del arte, es decir, la composición, no la fragmentación.

P. Algunas de sus obras parecen relacionadas con una cierta nostalgia de culturas pasadas, por ejemplo, los bustos clásicos quemados. ¿Es así?

R. Bueno, los bustos son sólo unas obras concretas, particulares. Pero lo que me interesa es subrayar, por ejemplo, cómo a lo largo de la historia del arte hay toda una cultura simbolista que llega hasta Malevich. La modernidad no es tan sólo un asunto de variaciones de formas y colores.

P. Usted ha citado en alguna ocasión a Van Gogh, a Goya, a Pollock, entre otros artistas. ¿Qué le interesa de ellos?

R. ¿Y quién no citaría a Van Gogli? Van Gogh es el pathos, la visión, la sinceridad, la honestidad. Pollock es el inventor del espacio americano. Hasta él el arte norteamericano estaba colonizado. Pollock busca una identidad que es dramática y apasionada.

Ideología

P. En un momento dado, usted dijo que buscaba una ideología precisa para el arte. ¿Qué ideología vehiculan sus obras?R. Bueno, sin una ideología no puede hacerse arte. Esto no quiere decir que yo busque una ideología en el sentido marxista de la palabra. Simplemente, toda obra de arte, aun cuando no crea poseerla, vehicula una ideología concreta.

P. ¿Qué destacaría de la época del arte povera? La crítica habló entonces de provocación, frente al mercado del arte, así como de integración de la naturaleza en el espacio de la galería.

R. El arte povera nunca pensó en la naturaleza. ¿Qué quiere decir "naturaleza en una galería"? La naturaleza es una totalidad. No teníamos tampoco ningún propósito de escándalo. Los actos dadaístas estaban muy lejos. El arte povera fue una toma de consciencia de toda una generación italiana de posguerra.

P. Pasando a otro tema. ¿No le parece que el papel concienciador del artista está hoy mitigado por el mercado y por el bombardeo de los medios de comunicación?

R. El artista siempre llena una carencia, hace lo que en cierto modo se necesita; tiene, por así decirlo, una misión. Al contrario que el pensamiento débil, que afirmaba que no hay ya escritores, ni artistas, y al contrario que el star system, que proponía que no es necesario el sufrimiento, creo que el arte tiene perfectamente su razón de ser, hoy. Estas operaciones actuales de un mercado del arte salvaje son como las comedias de los años treinta. Existen. Pero el arte posee una dinámica propia, con largos silencios y con una precisión muy diversa a la de este caos que estamos contemplando. El arte, por otro lado, es un signo de libertad y no puede codificarse por los esquemas comunes del mercado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de octubre de 1989