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LA LIDIA

Disimulando, que es norma

La flojedad e invalidez de los toros de ayer en la cuarta corrida de Feria de Zaragoza se reduce al disimulo de la rapidez Tal sistema consiste, por parte de los toreros, en veroniquear ipsofacto al toro, que de salida haya levantado sospechas de desequilibrio.Tan pronto aparecen las protestas en denunciar cojera manifiesta, se encuentra el astado tomando capotazos por aquí y por allá. De seguir trastabilleando al llegar al peto, en el primer encuentro, solicita el matador, raudo, el cambio, y gran sorpresa, el pañuelo blanco presidencial pende airoso como si de un resorte electrónico se tratara.

Cuestión de segundos tan sólo ha sido la faena, y para el resto de la lidia queda, sin más el torito inválido, sin recorrido y aplomado, que convierte la corrida en sucedáneo de espectáculo.La verdadera afición lleva su cruz, pero el gran público sólo se enoja cuando el respetable no concede orejas. Distinto es el criterio del palco, y que aún está por explicar, pues si la primera oreja es por petición mayoritaria, ayer a Tomás Campuzano le hurtaron trofeos, mientras que a Víctor Mendes se los regalaron.

Galache / Parada, Campuzano, Mendes

Cuatro toros de Galache, terciados, feos de tipo, flojos y mansos. Dos de Mores Tassara: inválido el primero y flojo y manso el último.Toros sospechosos de cuerna. José Luis Parada: silencio pitos. Tomás Campuzano: fuerte petición, con dos vueltas; silencio. Víctor Mendes: una oreja; una oreja. Plaza de Zaragoza, 11 de octubre. Cuarta corrida de Feria.

Tiempo queda aún para que el palco que mantiene toros inválidos, anula el tercio de varas y permite que tapen también el ojo izquierdo de los caballos de picar, encuentre el rumbo para que Zaragoza no se hunda en el taurinismo.

Torito

José Luis Parada, que realizó con su primero los cuatro mejores derechazos vistos hasta ahora aquí, se hundió con su espada burlona. Vulgar, trasteó a su inválido segundo. Para Tomás Campuzano salió un torito esmirriao al que toreó impecable en naturales, pues dulzura llevaba sobradamente el astado como para hacerle eso y más. Sin embargo, voluntarioso, Tomás Campuzano porfió ante el manso quinto, y encima, descastado el muy tuno.Una oreja en cada toro le dieron al portugués Víctor Mendes, también un revolcón espectacular al entrar a matar al sexto, afortunadamente sin consecuencias. Como siempre, el torero portugués cautivó al gran público con su fácil y vistosa ejecución del tercio de banderillas.

En definitiva, una tarde especial para diestros de ferias consagrados, como Tomás Campuzano y Víctor Mendes, capaces los dos de sacar agua de un pozo seco y más en una plaza como la de Zaragoza, en donde dicen los taurinos que el público es colosal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de octubre de 1989