Tribuna:EL ESPACIO PROFESIONAL EUROPEOTribuna
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Cuatifícación Profesional y democracia industrial

Acaba de celebrarse en la Villette de París la primera Semana Internacional de la Cualificación Profesional. En ella se han reunido más de 900 empresas y expertos europeos y los representantes de los Gobiernos de la Comunidad Europea para intercambiar las experiencias de los 12 países en programas y políticas de formación ocupacional y en servicios, técnicas y productos disponibles para la formación continua en las empresas.Se trata con ello de sentar las bases de un verdadero espacio europeo en materia de cualificación profesional, para lo cual es imprescindible dotar de la mayor transparencia al mercado de servicios de formación.

La celebración de una feria anual para la exhibición y la contratación de este tipo de servicios, como se acaba de acordar en París, es una buena noticia, que facilitará el acceso de las empresas a los instrumentos, métodos y servicios de cualificación más avanzados de entre las disponibilidades existentes en cada momento en el mercado europeo.

Desinterés español

El despliegue informativo y la atención política concitados por el acontecimiento en Francia, con la inauguración por el presidente Mitterrand y las visitas del primer ministro Rocard, de los ministros europeos del ramo y de la comisaria de la CE, contrasta con el estruendoso desinterés con que el asunto ha sido seguido entre nosotros.Es lástima porque la curiosidad provocada por los pabellones españoles en la feria de la ViHette ha sido grande y hasta puede decirse que las experiencias y los productos españoles para cualificación profesional acaban de celebrar su puesta de largo europea.

Como rezaba el eslogan de la muestra, se trataba de presentar La Europa de las competencias, haciendo referencia a que el mercado interior de 1992 va a suponer un mayor grado de competencia entre las empresas y los productos de los diferentes países, pero también una elevación de la competencia profesional de todos los que deseen participar con éxito en ese gran mercado de 300 millones de personas.

No creo que haya que enfatizar los aspectos más economicistas de esta exigencia de mejora en la capacidad profesional de la mano de obra española en 1992.Baste decir que actualmente las empresas francesas invierten el equivalente al 2,5%. de sus costes laborales en la formación de sus trabajadores y que en la RFA esa cifra llega casi al 7%.

Esas inversiones marcan la capacidad de cada país para asimilar el cambio tecnológico y quien se quede atrás no podrá competir en pie de igualdad. Pero además de estas implicaciones económicas, existen también implicaciones políticas que afectan a la orientación social del propio cambio técnico.

Cambio tecnológico

Porque la implantación del cambio tecnológico es un proceso político complejo, cuyo resultado dependerá finalmente del poder que dentro de la empresa tengan los distintos grupos de interés afectados: una misma tecnologíapuede aplicarse de manera que todos los conocimientos de planificación y diseño se concentren en unos pocos trabajadores muy cualificados, pero puede utilizarse también de una manera más igualitaria, asignando a los diferentes puestos de trabajo parte de las tareas de programación y diseño del proceso productivo y parte de las tareas de ejecución.

Para,que tal alternativa sea viable se requiere una importante expansión de la enseñanza y la formación para el empleo, que distribuya entre los trabajadores la capacitación y los conocimientos necesarios para participar de forma activa en el proceso. El personal altamente cualificado tenderá a retener el poder técnico y a imponer el modelo menos igualitario; los trabajadores procurarán la máxima igualdad.

Es posible que para la empresa considerada individualmente sea indiferente un modelo organizativo u otro, e incluso es posible que el modelo más eficiente -bajo consideraciones de corto plazo y de la empresa individual- y, por tanto, el preferido, sea el que se encuentra más cerca de los sistemas menos iguafitarios.

Desde el punto de vista social, es preferible, sin embargo, el sistema igualitario por razones de equidad. Pero hay también argumentos que indican que el sístema igualitario puede ser también socialmente más eficiente, porque el mejor clima de relaciones laborales da lugar a un nivel menor de conflictividad, y de ahí a una mayor productividad.

Formación continua

Los modelos basados en una estructura de oficios y de conocimiento ampliamente compartidos son más capaces de adaptarse a las condiciones actuales de la competencia. Es importante, por tanto, hacer esta apuesta que, a largo plazo y desde el punto de vista global, es más eficiente.

La generalización de la formación continua en las empresas, de modo que se pueda contar en el futuro con una mano de obra más formada, cuyos conocimientos se mantengan permanentemente actualizados, es por tanto un imperativo tanto económico como político y social. Entre otras razones porque la cualificación profesional es la palanca más poderosa para impulsar la democracia industrial.

Alvaro Espina es secretario general de empleo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0004, 04 de octubre de 1989.