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Hernán Cortés llega al teatro marginal británico con Celestino Coronado

El dramaturgo chileno Alfredo Cordal y el director español Celestino Coronado acaban de presentar en el circuito teatral marginal de Londres, en el Bridge Lane Theater, Smoking Mirror, primera producción de una trilogía en torno a Hernán Cortés y su conquista de México. La obra -esquemática siempre, demagógica a ratos y con puntos de anacronía- entra en el marco del aluvión de las que aspiran a revisar críticamente, al amparo del quinto centenario, la aportación española a la historia de Latinoamérica.Tezcatlipoca (Espejo de humo, Smoking Mirror) es la contrapartida negativa del dios azteca Quetzalcóatl y de él se vale Cordal para dramatizar los amoríos de Cortés y su princesa-intérprete. La Malinche, portillo por el que se coló una conquista cuyas "consecuencias todavía planean sobre nuestra historia tras cinco siglos", dice el autor.

Esta producción presenta una conquista en blanco y negro, con el blanco encarnado en La Malinche y el negro en Malinalli (nombre original de la princesa), quien replica a aquélla con reproches desde el otro lado del espejo cuando la intérprete enamorada describe las esperanzas y ambiciones del nuevo México mestizo y real.

La obra es un análisis superficial, con lentes del siglo XX, de la conquista y colonización de un continente en el siglo XVI. Cordal y Coronado abren y cierran la representación en un garito de Tijuana -la mísera ciudad de la frontera, compendio de todos los males de la relación entre ambos países-, donde el yanqui chulo y poderoso se beneficia a la chica más fina en oferta. Que el americano sea luego Cortés y la mexicana se convierta en La Malinche es más que una metáfora y hace pensar que los autores equiparan a un lupanar y sus rabizas, abiertos al mejor postor, con un México entregado hoy sin resistencia a la opresión egoísta y alienante de su vecino del norte o antaño a la de los españoles, lo que también es falso, como pueden atestiguar nombres del patrimonio cultural del México real como Carlos Fuentes, Juan Rulfo y Octavio Paz por no salir de la literatura y ofrecer un abanico ideológico variado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de octubre de 1989