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Otros tres médicos, detenidos en la 'clínica del horror'

J. C., Con la detención de tres médicos ya llega a 10 el número de presos por la muerte masiva de ancianos, presuntamente por mala atención, en una clínica de Rafael de la Calzada, una localidad de la provincia de Buenos Aires cercana a la capital. Vecinos y empleados de la clínica, que ha sido clausurada, disputan sobre si en la Clínica Astengo se ha producido una especie de genocidio encubierto, por negligencia y malos tratos, o las 541 muertes del año pasado son consecuencia normal de la avanzada edad de los pacientes.

Las opiniones se dividen sobre el caso. La noticia fue difundida en grandes caracteres el jueves por el diario sensacionalista Crónica, especializado en sucesos. El relato de la clínica del horror apenas aparecía el jueves en el resto de la prensa, que ayer ya dedicó atención al tema, aunque en páginas interiores y con un despliegue insignificante, comparado con el reciente juicio al boxeador Carlos Monzón.

El juez instructor del caso, Alberto Durán, inició las investigaciones el pasado enero por denuncia del hijo de una mujer que, al parecer, no fue atendida debidamente y falleció. La señora padecía una insuficiencia renal y fue internada el 29 de diciembre. Sin llegar a ser revisada por un nefrólogo, la mujer murió el 3 de enero. Esto desencadenó la investigación judicial, que determinó las detenciones de nueve médicos y una empleada.

En el barrio donde está ubicada la clínica las opiniones de los vecinos se dividen. Algunos aseguran que el ingreso en la clínica era casi un pasaporte para el cementerio. Otros no se quejan e incluso alaban el buen trato recibido. El diario conservador La Nación publicó ayer que las autopsias realizadas en dos personas fallecidas recientemente mostraron que las muertes ocurrieron "por falta de atención y de medicación especializada". Añade el periódico que se constataron seis casos de transfusiones de sangre contaminada con el mal de Chagas y que "el uso de medicamentos y sueros vencidos habría sido una constante en las prácticas médicas de la clínica de Calzada". Otras tropelías que se denuncian y que, si se comprobasen, entrarían de lleno en lo criminal son la muerte de cinco personas en un solo día por falta de atención y uso de medicinas caducadas y que se encontraron "enfermos cuando no habían ingerido alimento en los últimos siete días".

Los empleados de la clínica se manifiestan a la puerta con carteles que dicen "No somos asesinos. Ayúdenos a conservar nuestra fuente de trabajo" y, en apelación al juez instructor del caso, " ¡Doctor Durán, esto no es justo. Queremos nuestra fuente de trabajo!". Una enfermera declaraba en Clarín que los enfermos retornaban a la clínica en muchos casos porque en sus casas apenas tenían para comer y "la mayoría de pacientes tienen más de 80 años y llegan en estado deplorable, abandonados a la buena de Dios, sin que nadie se interese por ellos. Nos desvivimos por los viejitos, aunque es cierto que muchos llegan tan mal, que mueren.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de julio de 1989

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