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Unos chantajistas ponen cristales, afileres y cuchillas en decenas de 'potitos' del Reino Unido e Irlanda

Más de medio centenar de tarros de preparados alimenticios infantiles han aparecido en el Reino Unido e Irlanda con cristales, alfileres y trozos de cuchillas, en una campaña masiva de terrorismo alimenticio que tiene por objetivo forzar a los fabricantes al pago de una cantidad estimada en 200 millones de pesetas. El pánico se ha apoderado de familias con niños pequeños en las islas, que acusan a los fabricantes de ocultar información. Hasta ahora no ha habido víctimas.Desde Edimburgo, en el Norte, hasta la isla de Wight, en el Sur, se han descubierto tarros en los que "unas mentes retorcidas", en palabras del subsecretario del Ministerio del Interior, John Patten, han introducido objetos cuya ingestión puede resultar mortal. Ayer también se denunció la aparición de dos tarros con cristales en Irlanda. El ataque va dirigido contra niños de corta edad, consumidores de los productos preparados de Heinz y Cow and Gate, las dos firmas a las que se supone víctimas de un chantaje.

Las dos entidades han ofrecido una recompensa conjunta de 20 millones de pesetas a quien ofrezca datos que permitan identificar a los extorsionistas, que se cree reclaman un millón de libras esterlinas (unos 200 millones de pesetas). Heinz ha negado los rumores que la asociaban con un anterior pago de un chantaje y ha asegurado que no cede ante las extorsiones.

Heinz, Cow and Gate y una tercera firma productora de leche en polvo, aunque no ha podido certificarse que los cristales aparecidos en este caso tengan la misma procedencia criminal, mantienen sus productos en los supermercados, en los que se está revisando cada tarro en busca de indicios sospechosos, ysólo han cambiado las remesas de aquellos centros en que ha habido denuncias, según la estrategia acordada con la policía. A los padres se les ha recomendado la máxima prudencia, que comprueben que los cierres de garantía no han sido violados y que viertan las papillas en el plato en vez de dárselas a los niños directamente del tarro. Diane Tyndall se cortó un labio cuando probaba la comida de su hija de seis meses. En otros casos ha sido el propio crío quien ha hecho gestos con la lengua de que algo anormal estaba ocurriendo.

Una madre ha manifestado estar segura de que el tarro que abrió traía el cierre de fábrica, pero la policía ha llegado a la conclusión, tras visitar la fábrica, de que los extorsionistas están introduciendo los cristales, trozos de alfiler, pedazos de cuchilla y astillas en tarros que adquieren en supermercados y luego devuelven a las estanterías.

El grueso de los casos ha comenzado a emerger ahora, pero algunos padres han denunciado que ya en diciembre dieron la alarma a las compañías, que les pidieron silencio. A ello replica Heinz que fue la propia policía la que aconsejó discreción, "porque la publicidad sobre este aspecto podría perjudicar sus investigaciones".

Los expertos no se ponen de acuerdo en las medidas que hay que adoptar para hacer frente a un chantaje que puede costar cientos de millones a los fabricantes si pierden la confianza de un público entre el que ya hay quien está dispuesto a demandar a la compañía por ocultar información. Retirar el producto es una garantía para el consumidor, pero Heinz dice que ello "no resolvería la manipulación externa. El problema reaparecería en cualquier momento en cualquier producto vendido en las tiendas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de abril de 1989