Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:

César Manrique, un artista decepcionado

El pintor está molesto por la tardanza con que se ha reconocido su trabajo en el archipiélago

El artista lanzaroteño César Manrique, de 69 años, recientemente nombrado premio Canarias de las Artes 1989, considera que el galardón confirma la tardanza con que se reconoce su trabajo en defensa de los espacios naturales de las islas. Manrique, que expone ahora en una galería de Düsseldorf (RFA), entiende que el actual "destrozo sistemático de Canarias es un proceso terrible, frente al que no podemos bajar la guardia, porque todo lo que no podamos frenar se convierte en un hecho cuya consumación es irreversible".

La concesión del premio, la pasada semana, se produjo cuando Manrique figuraba entre los candidatos al premio Príncipe de Asturias.Pregunta. Da la sensación que sigue sin sentirse reconocido en Canarias a pesar de este premio que se le ha concedido.

Respuesta. Yo he sentido un poco de vergüenza cuando me llamó el presidente Lorenzo Olarte para comunicármelo. Y le diré por qué: este reconocimiento a última hora hacia una persona como yo, que ha trabajado años gratuitamente para levantar a Lanzarote del anonimato, que ha creado prestigio, riqueza y cultura, y no lo digo por vanidad, me resulta triste, muy triste. Me siento mal, puesto que el Premio Canarias 1989, que se me da, no es más que la constatación de una tardanza a la que ya me había resignado en las islas, lo que no me ocurre en absoluto en el extranjero.

P. ¿Cuál es, a su juicio, el motivo de la falta de reconocimiento público, en Canarias, de su trabajo?

R. Ante todo es importante que resalte que ya tengo 40 premios. Entre otros, la Medalla de Oro de Bellas Artes, el Mundial de Ecología o el de Europa Nostra, que me dieron en Londres. Es terrible que a un artista no se le reconozca un trabajo, tan intenso e insólito como el mío, que tan sólo yo he realizado en España, a favor de su tierra durante toda una vida, que se dice pronto, tanto en lo referente a la creación pictórica como a la defensa de los espacios naturales de mi isla, integrando arquitectura y paisaje, como también en la promoción de un turismo alternativo, sano, culto y coherente.

Enemigos

P. Su preocupación por la naturaleza en su conjunto le ha creado muchos enemigos. ¿Puede haber influido ésto en las instancias oficiales del archipiélago?R. Es posible, no me extrañaría. Es cierto que mis preocupaciones en este sentido y mi lucha contra la especulación me han generado grandes enemistades. Pero yo creo que lo del reconocimiento no se ha producido por una mezcla de envidias, ignorancia y mala idea. Cualquiera que sepa leer y tenga a mano un currículo mío entenderá sin mayores problemas lo que estoy diciendo.

P. ¿Cómo explicaría la influencia que se produce entre su espacio artístico y la preocupación ecológica, que tanto le absorbe.

R. Bueno, ante la explotación especulativa de nuestros recursos naturales y el egoísmo humano hay que salvar el espacio, y, basándome en esto, he intentado abrir otra ventana a la naturaleza en el arte, con la idea de que esta última se convierta en una fuerza plástica en sí misma, integrando las más diversas expresiones artísticas y el color dentro de un mismo espacio. Todo esto lo hago con un afán, sin embargo, didáctico. Ya lo dijo en su momento Monet: "Mi mejor obra es mi jardín".

P. Este giro comenzó a producirse tras unos comienzos de corte indigenista y a su regreso de Nueva York, en 1968. ¿Cómo ha evolucionado durante este tiempo?

R. Siento más esa simbiosis, porque la considero más conseguida en mi obra. Hace 20 años sólo era una idea que comencé a desarrollar con cautela pero con ilusión. La prueba de la solidez de esta línea de investigación creativa es que sigo en ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de abril de 1989