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Crítica:
Crítica

A cuatro manos

Entre los discos de dúo de piano hay uno, de Hank Jones y Tommy Flanagan, cuya portada ilustra hasta dónde puede llegar la experiencia del doble teclado y las cuatro manos. El disco se llama Nuestras delicias y en su carpeta vemos una larga treintena de moldes de repostería que encierran un bombón en el que descubrimos un piano y luego un corazón. En cualquier caso, es en el vinilo, en los temas registrados, donde, definitivamente despejamos la duda de si estamos ante una cursilada o ante un ejemplo de expresión poética.Así suceden también, más o menos, las cosas con el encuentro de pianistas que en estos días experimentan Horacio Icasto y Ricardo Miralles. De Icasto se suele decir que tiene muchos dedos, que es un pianista capaz y también se puede pensar que muchas veces desborda su entusiasmo a zonas que son más del efectismo que de una expresión sensatamente ajustada. Ricardo Miralles, bien conocido por su trabajo junto a Serrat, tiene una concepción más económica de su trabajo sobre el teclado, consciente de que una nota encontrada puede ser mucho. Y la primera sorpresa de este encuentro es que la inteligencia entre ambos se ha producido; oyéndoles juntos, escuchamos más a cada uno de ellos.

Icasto & Miralles

Café Central. Hasta el 23 de abril.

A lo largo de esta semana, el dúo ha interpretado composiciones de uno y otro y llegan al escenario después de un mes fuerte de ensayos. Así pueden lograr lo que hacen y puede decirse que desde el punto de vista de la interacción, de la comunicación entre ambos, se ha logrado un valioso equilibrio entre el despliegue de sabores y la concentración que logra una comunicación de mayor intimidad. Vuelan en los tiempos rápidos y es en las baladas donde consiguen un verdadero silencio del público.

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