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Crítica:MÚSICA

Concierto en el milenario de Catalunya

Con motivo de la conmemoración del milenario de Cataluña, y bajo la presidencia de honor de los Reyes de España, se celebró ayer por la tarde, en la sala de Columnas del palacio de Oriente, un concierto de la Capella Reial de Barcelona, que dirige Jordi Savall. Con don Juan Carlos y doña Sofía estuvieron el ministro de Cultura, Jorge Semprún, y el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y su esposa, así como gran número de personalidades de la vida política, financiera, intelectual y artística española, con especial representación de la catalana.El programa era absolutamente fascinante y estaba dedicado a la música catalana de los siglos XV al XVII, a través de altísimos ejemplos. Comenzó con El cant de la Sibilla, en una versión que recoge una larga serie de tradiciones, especialmente las que todavía se mantienen en las islas Baleares. Todo estuvo realizado con gran tacto, adecuación y conocimiento, tanto en el juego y alternancia de lo melódico y armónico como en las intervenciones instrumentales.

Capella Reial de Barcelona

Director Jordi Savall. Música catalana de los siglos XV al SVIL Madrid, sala de columnas del palacio de Oriente

En cuanto a las ensaladas de Mateu Fletxa, el Viejo, cuya existencia alcanza hasta mediados del siglo XV, constituyen bellísimos ejemplos polifónicos de género dramático y, además, muestran algunos rasgos que permanecerán en nuestra música hasta El retablo de maese Pedro, de Falla. Tras una transcripción de la organística Batalla imperial, de Juan Bautista Cabanilles, la Misa de batalla, de Feredols, escrita a 12 voces, dispuestas policoralmente -y los coros juegan su polifonía con los instrumentos-, nos llevó a una de las cimas del XVII catalán y español.

La Capella Reial de Barcelona, formada por cantores e insturmentistas de toda procedencia, tiene en Jordi Saball, uno de los mejores violistas de gamba de toda Europa, no sólo su director, sino su alma. Montserrat Figueras, soprano, tiene una participación coprotagonista, si es que no lo es ya el trabajo incensante del conjunto que, en poco tiempo, se ha convertido en pieza excelente y necesaria de nuestra vida musical más culta. El éxito rebasó el habitual comedimiento de estas sesiones protocolarias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de enero de 1989