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El pecado de juventud del papa Wojtyla

Pase en el Vaticano de 'El taller del orfebre', un filme basado en un texto de Juan Pablo II

Unos 5.000 invitados de honor asistieron en el Vaticano la noche del lunes al preestreno de la película El taller del orfebre, basada en una obra de teatro que el papa Wojtyla escribió cuando era arzobispo de Cracovia. Era la primera vez que en la sala de audiencias Pablo VI, de Nervi, se proyectaba una película, y en ella estaban desde los directores de la RAI a Susanna Agnelli, pasando por cardenales y obispos.

Y muchas monjitas que se quedaron desilusionadas al no ver entre los asistentes al Papa en persona. Pero Juan Pablo II había visto ya el filme días atrás para darle su visto bueno.Es la primera vez en la historia de la Iglesia que se lleva a la pantalla una obra escrita por un Papa. El taller del orfebre es una obra en la que se mezclan tres historias de amor, todas ellas ejemplares, que intentan, según Juan Pablo II, exaltar la fuerza del "sacramento del matrimonio".

La primera historia es la de Teresa y Andrés, que muere recién casado, víctima del odio nazi, en 1939, en Cracovia. La segunda, es la historia de Ana y Esteban, emigrantes polacos en Canadá que, tras vivir horas de difícil convivencia conyugal, consiguen que al final triunfe el amor entre ambos y no se separan. Y por último, el amor tranquilo y bello entre Mónica y Cristóbal, que viven siempre "felices y contentos".

Fragoroso aplauso

Los 5.000 asistentes a la proyección rompieron el silencio con un fragoroso aplauso cuando en los títulos de crédito de la película, dirigida por Michael Anderson -director también de Las sandalias del pescador- y producida por RAI-1 en colaboración con la PAC, la alemana Taurus y la canadiense Alliance, apareció el nombre de Karol Wojtyla como autor de la obra en la que se basaba el filme.Durante la proyección, los privilegiados espectadores guardaron riguroso silencio, aunque a veces se veía a monjitas o cardenales cuchichearse frases al oído.

Cuando finalizó la película, en la que las escenas amorosas se limitan a dos besos castísimos, el aplauso fue respetuoso y comedido, quizá porque el tema de la obra no tocaba demasiado directamente a aquel público eclesiástico con el que precisamente Juan Pablo II es muy severo en materia de sexo y de celibato obligatorio.

Más emocionante fue el encuentro del Papa, en su despacho del Vaticano, con los actores, director y productores de la película. Estos últimos pidieron al Papa que escribiera otro texto para hacer otra película. El papa Wojtyla les respondió sonriendo: "Éste fue ya un pecado de juventud, y se peca sólo una vez en la vida".

Especialmente emocionada estaba la bella actriz Jo Champa, coprotagonista femenina junto a Olivia Hussey, que nunca había visto de cerca a un Papa y que no sabía cómo saludarlo. "Me dijeron", afirmó, "que me limitara a hacer una pequeña inclinación ante él". Pero en estos casos el Papa polaco no tiene excesivas inhibiciones y trató a la actriz como a una vieja amiga. "Hasta me dijo", confiesa la actriz a los periodistas, "que en la película soy bellísima y que mi presencia desprende belleza".

Juan Pablo II confirmó al director de la película que el filme había sido fiel al texto y que comprendía la dificultad que había tenido al tener que pasar de un texto dramático a un filme.

Al Papa le chocó -quizá porque quería conocerlo de cerca- la ausencia del protagonista, el famoso actor Burt Lancaster, pero se consoló cuando le explicaron que su ausencia se debía sólo al hecho de que al actor le había sido imposible trasladarse a Roma porque días atrás se había roto una costilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de diciembre de 1988