LA MUERTE DE UN 'CANTAOR' Y DE UN TONADILLERO

El Pali, popular intérprete de sevillanas, muere en Sevilla

Francisco Palacios, El Pali -el más popular de los cantaores de sevillanas-, falleció en la mañana de ayer en el hospital Universitario de Sevilla, a los 60 años de edad, víctima de una insuficiencia respiratoria provocada por su diabetes. El Pali, que había grabado más de una veintena de discos, estaba considerado como uno de los relanzadores de las sevillanas corraleras. El trovador de Sevilla, como muchos le llamaban, fue el título de su último disco, que no pudo cantar en la pasada feria debido a su enfermedad.

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Nacido hace 60 años en el sevillano palacio de la Moneda, Francisco Palacios Ortega, autor de sus propias letras, fue uno de los relanzadores de las sevillanas, de las que el mismo decía: "Era un cante chico, pero entre unos pocos lo hemos hecho grande". Descendiente por vía materna de Rafael El Gallo y Joselito, El Pali era un personaje querido en Sevilla por su arte, por su gracia y por su buen humor. Vivía en el sevillano barrio de El Postigo, en una casa modesta situada junto al arco del popular Postigo del Aceite, y muy cerca del Arenal, el Baratillo y la Maestranza, rincones de la capital hispalense a los que dedicó gran parte de su obra artística.Francisco Palacios comenzó a cantar en una feria de Sevilla en la que acompañó a Antonio el bailarín en una caseta. Desde entonces no paró de recuperar con sus sevillanas las más puras tradiciones de Sevilla. Dominador de todos los estilos de las sevillanas, las corraleras -que se cantaban en los patios de corrales, con guitarra, palmas, palillos, almirez, una botella de aguardiente, cacerolas y cacharros- fueron las que le hicieron más famoso y popular.

Defensor de la sevillana pura -"la de los corrales, el Rocío, las cruces de mayo y los bautizos"-mantenía la descendencia de este tipo de cante de las seguidillas manchegas, "pero con más compás". El relanzamiento de las sevillanas fuera de Andalucía fue criticado por El Pali, quien no era partidarlo de las innovaciones de los grupos modernos que componían "la letra, la música y tó".

Su diabetes le jugó una mala pasada en el Feria de Abril de este año, a la que no pudo acudir tras permanecer ingresado en una clínica, ni tampoco le permitió estrenar su último disco, El trovador de Sevilla. De gran apetito, fumador de grandes puros, su salud en los últimos meses se fue debilitando, vasta que fue internado hace los semanas en el hospital Universitario, donde falleció.

Entre sus sevillanas, una dedicada a la muerte decía: "El día que yo me muera que no me llore Sevilla". Sus restos serán inhumados hoy a las doce de la mañana en el cementerio de San Fernando de Sevilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de junio de 1988.