Reportaje:

El silencio del desierto

Un alto el fuego tácito en el Sáhara occidental cubre los esfuerzos de mediación de la ONU

Los soldados marroquíes que vigilan los muros defensivos del Sáhara occidental no se enfrentan a incursiones del Frente Polisario desde hace tres meses. Un alto el fuego no proclamado reina en el desierto, pero las armas volverán a escupir muerte si las partes mantienen sus posturas, y todo parece indicar que las mantendrán. La Organización de la Unidad Africana (OUA), la ONU, Arabia Saudí y, desde esta semana, el Túnez de Ben Alí, aprovechan la calma en el frente para multiplicar sus misiones de buenos oficios.

Javier Pérez de Cuéllar no sería secretario general de la ONU si no midiera sus palabras con una balanza de precisión. En la tarde del pasado miércoles estaba sentado en el salón del pequeño aeropuerto de Rabat. Un Mystère de la Casa Real marroquí calentaba sus motores, presto para llevarle a París desde donde regresaría a Nueva York. Pérez de Cuéllar respondía con fatiga a las preguntas de los periodistas.-¿Puede darnos una fecha para la celebración del referéndum de autodeterminación en el Sáhara?

-Si pudiera, sería un hombre muy feliz -respondió- Estamos trabajando para encontrar la fórmula milagrosa.

Casi 13 años después de la salida de las tropas españolas, el secretario general de la ONU reconocía que la solución del conflicto del Sáhara occidental necesitaba pura y simplemente una "fórmula milagrosa".

Pérez de Cuéllar acababa de entrevistarse en dos jornadas consecutivas con el rey Hassan II. Los dos hombres habían hablado del Sáhara y, en particular, de cómo organizar ese referéndum con el que todas las partes están de acuerdo.

El mundo musulmán celebra ahora el sagrado mes del Ramadán. Debía la gente ayunar y trabaja a medio gas; a la oscurecida, revive. Pérez de Cuéllar conoció en Rabat las costumbres del Ramadán. Hassan II -en estos días más emir al mumimin, príncipe de los musulmanes, y jefe de Estado- le recibió las dos veces cuando la noche ya estaba caída. El secretario general de la ONU no reveló ni una palabra de lo que el rey le dijo. Su tono y su expresión dieron a entender, sin embargo, que no iba a gustar en Argel.

Hace un par de semanas, las gentes del Frente Polisario en Argel andaban muy ocupadas. Se preparaban para recibir a Keneth Kaunda, presidente en ejercicio de la Organización de la Unidad Africana (OUA) y predecesor de Pérez de Cuéllar en la misión internacional de buenos oficios. A diferencia del funcionario peruano, el jefe de Estado de Zambia completaba su gira por el Magreb con una visita a Argel y a los campamentos de Tinduf.

Aniversario

Esa batalla la tenían ganada de antemano los independentistas saharauis. La mayoría de la OUA es partidaria de sus tesis; de hecho, la mayoría de los países no alineados. Marruecos tiene poco que hacer en ese terreno frente al prestigio de Argelia.El Polisario estaba también muy atareado con la preparación de los actos conmemorativos del 15º aniversario de su fundación. El próximo 20 de mayo, los independentistas recibirán en sus jaimas de Tinduf a invitados de todo el mundo.

Las armas están calladas en el Sáhara. Esa guerra no ha sido nunca muy sangrienta o espectacular en hechos bélicos, pero el alto el fuego no proclamado de los últimos meses están devanando los sesos de los observadores extranjeros en Rabat y Argel. "El silencio del desierto lanza un mensaje; lo difícil es saber cuál", dice uno de ellos.

El tiempo juega a favor de Marruecos. La guerra del Sáhara afecta muy poco a la vida ordinaria de los marroquíes. Si no fuera porque las inversiones de prestigio efectuadas en El Aaiún y el mantenimiento de las tropas en el desierto cuesta unos 100 millones de pesetas diarias, se diría que el Sáhara es una bendición del cielo. La nación ha encontrado una causa común; la democratización es el precio del monarca a la fidelidad de sus súbditos; los militares ambiciosos no tienen tiempo de soñar con golpes de Estado.

"Marruecos no va a aceptar nunca la retirada de su Administración y su Ejército del Sáhara", recordó el pasado lunes el editorialista oficioso del Reino, Mulay Ahmed Alaui. Al día siguiente, el Polisario reiteró en Argel que esa es su principal condición para aceptar el resultado de un hipotético referéndum.

Sobre el terreno, el Polisario poco puede hacer, salvo hostigar los muros que Marruecos le ha puesto al desierto, afirman los especialistas militares en el conflicto. Si en los últimos tiempos no lo hace es, se cree en Rabat, porque Marruecos y Argelia mantienen contactos secretos sobre el Sáhara. Una tregua en las actividades guerreras mientras se da una oportunidad a los esfuerzos de paz, es el principal resultado de esos contactos; una entrevista entre Hassan II y el presidente argelino Chadli Benyedit, el objetivo final.

Sin salida

Las partes, estiman los observadores extranjeros en las capitales magrebíes, no pueden apearse de sus posturas.El Marruecos de Hassan II sufriría una inmensa convulsión si renunciara al Sáhara; Argelia ha depositado en el apoyo al Polisario gran parte de su crédito internacional; para los independentistas saharuis se trata de su existencia misma.

Este es uno de los pocos conflictos en que ese país maestro en el arte de la mediación que es Argelia no puede encontrar la salida. Aquí es juez y parte, y ello le ocasiona algunos problemas. Los recientes esfuerzos argelinos para comenzar la construcción de una comunidad supranacional en el Magreb, fracasaron cuando Túnez, Libia y Mauritania se negaron a participar en el proyecto sin la presencia de Marruecos.

"No habrá Magreb, no habrá una comunidad económica en África del Norte, sin la solución al problema del Sáhara", dijo el pasado miércoles el ministro de Asuntos Exteriores tunecino, Mahmud Mestiri. "Túnez", añadió, "está dispuesto a pasar de su neutralidad absoluta a una neutralidad activa para ayudar a resolver el conflicto". El nuevo Túnez del presidente Bem Alí se sumaba así a la lista de buscadores de la "fórmula milagrosa" que incluye ya a la OUA, la ONU y Arabia Saudí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 07 de mayo de 1988.

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