CINE / 'LOCA'

¿Actores o locutores?

Según cuentan las comadres de Hollywood, la disputa por los derechos de la versión cinematográfica de la obra teatral Nuis, en la que se basa Loca, generó una puja enfebrecida entre Meryl Streep, Jane Fonda y Barbra Streisand, tres estrellas que: veían en el texto de Tom Topor un vehículo idóneo para sus deseos de actriz. Es cierto. Loca permite montar ese tipo de números en los que se funda popularmente el prestigio interpretativo, es decir, el poder aparecer, en una misma película, como una persona cuerda y otra loca, maquillada y sin maquillar, rica y pobre, histérica y calmada, mordaz y apagada, carcajeante y llorosa. Barbra Streisand no desaprovecha la oportunidad y hace todo esto y más de manera convincente, bajo el laxo control de Martin Ritt, un cineasta que sabe sacar provecho de los actores gracias a una planificación y un tempo a su servicio.En Loca nos cuentan las dificultades por las que atraviesa una mujer que vive de la prostitución y ha cometido un homicidio involuntario cuando tiene que enfrentarse a una confabulación adversa en la que se integran la ley, la familia y la medicina, tres instancias empeñadas en convertirla en demente y liberaría de responsabilidad penal a cambio de encerrarla en un hospital psiquiátrico. Ella no acepta esa salida y prefiere asunúr su defensa en términos de persona cuerda. Ese debate, locura si o locura no, organizado primaria de servirse de los flash-backs, convertidos, por obra y gracia de unos guionistas preocupados por quitarle finealidad a la obra y quizá por ese tópico que exige airear todo lo que es teatro, en las auténticas pruebas con las que se quiere manipular la opinión del público, transformado en juez que sabe más de lo sucedido que ninguno de los personajes.

Loca

Director: Martin Ritt. Guión: Tom Topar, D. Poenicsan y A. Sargent, según el drama de Topor.Producción y música: B. Streisand. Fotografla: A. Bartkowiak. Estadounidense, 1987. Intérpretes: Barina Streisand, Richard Dreyfuss, Maureen Stapleton, Eli Wallach, James Vhitmore y Karl Malden. Estreno: Amaya, Tívolí, Gayarre, Pompeya y (en V. 0.) Infantas.

Esos flash-backs, que proceden tanto de la memoria de la protagonista como de la sabiduría de un narrador omnipresente, hacen inútil el despliegue de seducciones de los actores. Como en un telediario, las imágenes del crimen, del incesto o de los ritos de la prostitución aparcuen en paritalla para ilustrar las razones de la heroína y la maldad de un entorno que no tiene derecho a juzgarla. Es un error -grave, porque la película corre el riesgo de convertir a los actores en locutores, soporte verbal para imágenes que son la realidad.

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