Crítica:MÚSICA CLÁSICACrítica
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Desencantó el pianista Frager

Todo se anunciaba positivo en el recital del martes, correspondiente al Ciclo de Cámara y Polifonía. Un intérprete del prestigio y el mordente de Malcolm Frager (Saint Louis, 1935) anunciaba un programa nada vulgar: sonatas de Haydn y Weber y una parte enteramente dedicada a Brahms. Sin embargo, ni la actuación del pianista americano alcanzó sus propios niveles ni el público -muy numeroso, hasta casi llenar el Real- superó el buen juicio, el aplauso justo, para sentir auténtico entusiasmo.La explicación más lógica es que el intérprete es un hombre y no una computadora y, por tanto, está sujeto a tal cúmulo de variabilidades derivadas de mil causas. Ahí está el riesgo, la vitalidad y la emoción de la música viva. Y quien no guste de tales sensaciones debe refugiarse en la seguridad fría de la escucha discográfica.

Ciclo de Cámara y Polifonía

Recital de Malcolm Frager, pianista. Obias de Haydn, Weber y Brahms. Teatro Real, Madrid, 9 de diciembre.

No es que sea fría; representa otro fenómeno distinto y otra bien diferente experiencia.

Es el caso que la Sonata en sol menor, Hob. XVI144, en dos tiempos , de Haydn, tuvo una versión preciosa: clarísima, bella de sonoridad, aireada, magistralmente articulada y con su punta de dramatismo prebeethoveniano. Pero en Weber, el tan inhabitualmente interpretado Weber pianístico, tan brillante y directamente romántico en su Sonata en do mayor, opus 24, falló incluso la seguridad de ejecución, el casi infalible mecanismo de Frager, quien, a partir de ese momento, parecía alejado, casi ausente de su propio concierto.

Agilidad aérea

Escribimos sobre un artista de primerísima clase y, por lo misno, cuanto decimos ha de entenderse dentro de ese contexto. ¿Cómo no admirar la agilidad aérea del movimiento perpetuo, la exactísima plenitud de los ataques, las posibilidades dinámicas? Pero la materia, el sonido, esto es, el primer y fundamental elemento, se mantuvo prácticamente igual para Haydn, para Weber y, lo que es peor, para Brahms. Ante la primera rapsodia, ante los intermezzi, cabía la pregunta: ¿es esto Brahins? En todo caso, se trataba de una visión tan alejada de unas tradiciones que como quien dice están ,ahí al lado, estábamos ante un modo de pensar, de estar y de hacer que difería de lo escuchado :Aras veces al mismo Malcolm Frager sin ventaja alguna. Y es lástima, pues la opus 119 de Brahms es un auténtico prodigio de invención, una cima de poética musical; la síntesis, todavía, de un piano nuevo que prolonga el del romanticismo y lo enriquece sustancialmente. Como en la orquesta, Brahms, en el piano, abre caminos: los emocionales del último romanticismo alemán, tan lejanos del inicial, ejemplificado por la sonata de Weber. Malcolm Frager escuchó muchos aplausos, tras los que concedió una página fuera de programa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de diciembre de 1987.