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Los toreros españoles ya no 'hacen las Americas'

Los honorarios bajos y los fuertes gastos han restado atractivo a la temporada taurina americana

La crisis económica que atraviesan los países latinoamericanos repercute en la fiesta de los toros y los diestros españoles ya no pueden hacer las Américas cuando termina la temporada española como había venido siendo habitual durante varias décadas. En contraste con las fortunas que redondeaban las primeras figuras en sus campañas de invierno en América, donde cobraban fuertes cantidades en dólares, los honorarios que allí se pagan actualmente son inferiores a los que rigen en la mayoría de las plazas españolas.

Los toreros que más altos honorarios perciben en la presente temporada americana son los flamantes matadores de toros Litri y Rafi Camino, unos 3,5 millones de pesetas cada uno, y apenas sumarán cuatro actuaciones. Dos han tenido lugar en Lima, con un resultado artístico sin relieve, y las restantes serán en el Palacio de los Deportes de México.Litri y Rafi Camino constituyen una novedad en América y despiertan gran expectación, a pesar de lo cual sólo han podido cerrar cuatro contratos por la mencionada cantidad. En los propios cosos americanos esos honorarios eran normales para figuras tiempo atrás, y el padre de Rafi Camino, Paco Camino, los percibía hace 10 años.

Los aforos de las plazas americanas son importantes, pero los precios de los boletos han de ser bajos y se hacen taquillas que desde la perspectiva española se consideran ridículas. Por ejemplo, el coso de Valencia (Venezuela), que con sus 30.000 localidades es el segundo del mundo en cuanto a cabida de espectadores -el primero es el de México-, este año ingresará en taquillas, por corrida, en el supuesto de que se agote el billetaje, unos 6,25 millones de pesetas. Las Ventas, con un aforo muy inferior -unas 24.000 localidades-, a plaza llena rebasa ampliamente los 28 millones de pesetas.

Con presupuestos tan modestos en las plazas americanas, es lógico que se recorten los honorarios de los toreros y el precio del ganado, que ha de ser aborigen, pues importarlo de España, como se venía haciendo varios años atrás, resulta prohibitivo.La importación de ganado español requiere determinadas condiciones, que encarecen el producto: adquirirlo de utrero -seis ejemplares valdrían unos 3,5 millones pesetas-, someterlo a cuarentena en España, altos costes de flete para su transporte por vía aérea, nueva cuarentena en América, y un período de aclimatación y puesta a punto en una ganadería del país donde fueran a lidiar, más el margen de riesgo con el que, siempre hay que contar por la posible inutilización o muerte de alguna res. La adquisición de una corrida española, en estas circunstancias prácticamente equivaldría a la taquilla íntegra del coso venezolano de Valencia.

Entre taurinos españoles hay pesimismo por esta situación y son varios los diestros que re nuncian a realizar la campaña amencana, pues no les compensa económicamente. Uno de ellos es Espartaco, que sólo toreará una tarde, en Bogotá, en un festival benéfico. Otros espadas prefieren mantener su cartel en los ruedos amencanos, a la espera de tiempos mejores, y sumar ingresos aunque no alcancen cifras espectaculares. La temporada americana se beneficia de ello pues, con excepción de México, fracasaría estrepitosamente si no acudieran los toreros españoles ya que los nativos no interesan allí al público. Distinto es, no obstante, el caso del venezolano Morenito de Maracay, que siempre ha tenido buen cartel -principalmente en Venezuela y Colombia-, este año muy revalorizado por la excelente temporada que ha hecho en España.

Costes muy altos

Mientras en América los honorarios son bajos, los costes que se ven obligados a afrontar los toreros son muy altos, ya que han de acompañarles uno o dos subalternos españoles, mozo de espadas y, apoderado, con los consiguientes gastos de viajes, alojamiento, manutención y honorarios, mas los que corresponden al resto de la cuadrilla contratada donde toreen.Entre los diestros españoles que harán la campaña americana actual, los más cotizados son Ortega Cano y Niño de la Capea, también Joselito y Julio Robles en determinados países -principalmente en Colombia- donde dejaron muy buen cartel la temporada anterior. Percibirán por cada actuación en las plazas de mayor aforo entre 2,2 millones y 2,750 millones de pesetas. José María Manzanares, que goza en América del mismo crédito de fino torero que mantiene en España, es, sin embargo, menos taquillero, y sus honorarios alcanzan el millón y medio de pesetas. Una negociación de su apoderado para que toreara en México se malogró porque el empresario mexicano no aceptó abonarle los 20.000 dólares que pedía por una corrida.

Fernando Cepeda y Fernando Lozano también percibirán arriba del millón de pesetas, dado que constituyen novedad en América, donde debutan como matadores de toros, y cuentan con el fuerte apoyo de sus respectivos apoderados (que, en el caso de Lozano, son su propio padre y sus tíos), muy vinculados profesionalmente con el taurinismo americano. Otros toreros, como Tomás Campuzano, El Soro o Roberto Domínguez, cobrarán en torno al millón de pesetas por actuación.

Empresarios españoles

La hegemonía que durante muchos años mantuvieron en el mundo taurino americano los empresarios españoles también ha decaído notablemente. Los hermanos Lozano ya no tienen la llave del toreo en Bogotá y Quito a través de la empresa Escol, de la que eran socios mayoritarios, y que fue liquidada. Actualmente la plaza de Bogotá la administra Camilo Llinaz, en representación de la Casa de Misericordia bogotana. Manuel Chopera continúa siendo empresario de las plazas de Manizales y Medellín, en sociedad con el colombiano Jaime Arango, y aunque los beneficios directos de estos cosos han remitido en relación con temporadas anteriores, mantiene con su explotación el movimiento de sus negocios taurinos y la influencia que generan. Los hermanos Camará son empresarios del coso de Armenia. El diestro malagueño Antonio José Galán organiza la feria de Cartagena de Indias, en sociedad con la municipalidad. Gerente de la plaza de Cali es Álvaro Correa, en representación de la casa de misericordia local.La plaza de Quito es propiedad del empresario y ganadero español Pablo Martín Berrocal, pero no puede exIotarla, de momento, pues cuando la adquirió se encontró con que estaba vigente un contrato de arrendamiento que la empresa Escol (hermanos Lozano) había firmado con una sociedad formada por el matador español retirado Jerónimo Pimentel y el ecuatoriano Marcos Díaz. Precisamente mañana reaparece en Quito Ortega Cano, tras la gravísima cogida que sufrió en Zaragoza.

La feria de Quito de este año ha tenido problemas de organización pues los ganaderos ecuatorianos, en solidaridad con Martín Berrocal, no quisieron vender sus toros a Pimentel y este hubo de comprarlos en México. Por añadidura, cuando, posteriormente, fue a efectuar el pago, se había devaluado el sucre y como consecuencia el importe en dólares de cada corrida había subido en tal cuantía, que rompía los presupuestos de la feria. Pimentel y Díaz consiguieron que la municipalidad convenciera a los ganaderos ecuatorianos para que les vendieran sus toros, pero las gestiones se demoraron y la primera corrida de la feria quiteña hubo de ser suspendida.

En la plaza de México se celebran actualmente novilladas y, a pesar de que la temporada de festejos mayores está próxima, el empresario, Alfonso Gaona, aún no ha determinado los carteles, y ni siquiera ha emprendido negociaciones para la contratación de toros y toreros.

Mientras tanto, el matador de toros mexicano Curro Leal ha alquilado y acondicionado el Palacío de los Deportes de México para dar una serie de corridas de toros que empezará mañana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de diciembre de 1987