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Nueva ruta a las profundidades

Tras el reciente éxito alcanzado en Barcelona con su exposición individual, Zush muestra ahora en la galería madrileña de Vijande su obra última. Han transcurrido casi siete años desde su última exposición individual en Madrid, y, aunque de forma parcial se ha podido ir siguiendo su rastro por aquí durante todo este largo período de tiempo -en el que, dicho sea de paso, ha consolidado su prestigio internacional-, la obra última constituye una positiva sorpresa.No se trata de que haya dado ningún cambio espectacular en el estilo, y menos en su muy característico universo figurativo. Zush es Zush, pero me atrevería a afirmar que en esta continuidad hay un salto cualitativo, que habría que explicar como un Zush más intenso, más Zush. En resumidas cuentas: un Zush mejor. No es sólo una reducción de formatos y una más sabia trabazón narrativa, una elevación de temperatura y, en general, unos efectos más precisos. Es el encuentro del sarcasmo gótico del momento incierto en el que se derrumban los mundos -extraña mezcla del Bosco y Rabelais- con el violento misticismo de un Klee. La fantasía alegóricá pervive, si bien más peligrosamente encendida; el humor se ha hecho más descarnadamente punzante; las visiones, más inquietantes. Creo que no sólo se trata de la mejor exposición que he visto de Zush, sino una nueva ruta admirable a las profundidades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de marzo de 1987