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Editorial:

Gaddafi, a la defensiva en Chad

LAS OPERACIONES militares que se están desarrollando en las regiones septentrionales de Chad, en el macizo del Tibesti y en torno al palmeral de Fada, en las que tropas libias han tenido que retroceder ante las fuer zas chadianas del presidente Hisséne Habré, ponen de relieve una modificación profunda en la evolución de una guerra que está asolando a este país desde hace más de 20 años y que ayer conoció un nuevo paso con el bombardeo efectuado por la aviación libia contra la ciudad de Arada, al sur del paralelo 16. No se trata sólo de un cambio en el plano militar, si bien es importante que los soldados del Gobierno legal de Yamena hayan avanzado en regiones inalcanzables para ellos desde hace mucho tiempo. El hecho de mayor trascendencia es que el coronel Gaddafi ha sufrido un revés político al enfrentarse con su principal aliado, Gukuni Ueddei, secuestrado en Libia y cuyas tropas cambian de bando, aportando así un refuerzo serio para Hissène Habré.La guerra de Chad, por la posición geopolítica de este país, en el centro del continente africano, con fronteras hacia el oeste con Nigeria y Camerún y a la vez con Sudán, no puede ser considerada como una guerra civil. Si se prolonga desde hace más de 20 años no es sólo por causas internas, sino principalmente por las injerencias de varios países vecinos, y en particular de Libia, a las que se ha enfrentado la antigua potencia colonia], Francia, con acciones militares de diverso calibre. Pero la intervención libia ha podido apoyarse en fuertes raíces históricas, y sobre todo el enfrentamiento de las poblaciones musulmanas y nómadas del Norte y las poblaciones meridionales, animistas o cristianizadas por el colonialismo francés. Por otra parte, Gukuni había sido jefe del Gobierno de Yamena, con Habré como ministro; tenía un peso político indudable. Después de la operación Manta, con la que Francia paralizó en 1983 una ofensiva libia, Mitterrand y Gaddafl habían llegado a un acuerdo que dividía provisionalmente el Chad; el Norte del paralelo 16 para Gukurii y Libia; el Sur, para el Gobierno legal de Hisséne Habré. Todo ello con la perspectiva de lograr un acuerdo político de unificación entre los dos líderes, que ya habían colaborado en épocas anteriores. Ahora, el enfrentamiento de Gukuni con el líder libio, que fue su principal apoyo, ha creado a todas luces una situación nueva.

El intento de Gaddafi de sustituir a Gukuni por Cheik Ibn Omar es una operación artificial; éste no tiene peso político. La intervención libia tiene que realizarse ahora de manera mucho más descubierta y prácticamente sin combatientes chadianos dispuestos a enfrentarse con el Gobierno legal de Yamena. Habré quiere aprovechar esta coyuntura para reconquistar la zona del Chad al norte del paralelo 16, y en ese marco se sitúan las últimas operaciones en Zuar y en Fada. Ello coloca a Francia ante la disyuntiva de mantener o modificar su decisión de no intervenir al norte del paralelo. 16. No cabe duda que en su actual política Hissene Habré recibe estímulos de EE UU, que nunca ha abandonado su idea de utilizar la guerra del Chad para debilitar al coronel Gaddafi. Por otra parte, varios Gobiernos africanos, que se sienten afectados por los proyectos del líder libio de extender su influencia hacia el conjunto de las poblaciones musulmanas de África, desean asimismo que Francia extienda su apoyo militar al Gobierno de Yamena.

A partir sobre todo de su intervención de 1983, Francia ha insistido en que su meta en Chad era frenar la intervención de Libia, evitando una presencia militar de EE UU en esa parte de África, y propiciar el acuerdo entre los sectores chadianos enfrentados, para restablecer condiciones de paz en un país que figura entre los más pobres de la Tierra. No parece que las nuevas condiciones creadas por el fracaso de Gaddafl modifiquen la conveniencia de buscar una solución negociada y pacífica. Por eso la iniciativa de la Organización para la Unidad Africana (OUA) de iniciar gestiones con ese fin tanto en Trípolí como en Yamena es un paso importante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de enero de 1987