Tribuna:EL RECONOCIMIENTO DE LA NARRATIVA GALLEGATribuna
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En el momento justo

Con el Premio Nacional de Literatura otorgado a Alfredo Conde (Allariz, Orense, 1945), el galardón que otorga anualmente el Ministerio de Cultura parece acercarse a cumplir lo que seguramente ha de ser su propósito ideal.De un lado -y olvidando, aunque sea con dolor, el remedio de agravios históricos- la consagración de esos valores en trance de dar el paso decisivo en la consolidación de su obra. Y, por otra parte -y tras el precedente del año pasado, al recaer en Joan Vinyoli-, el reconocimiento en pie de igualdad de todas las literaturas españolas sea cual sea la lengua en que se expresan.

En Alfredo Conde se da la doble circunstancia de una edad propicia y de una lengua que no es el castellano. Una edad que le permite, sin embargo, ofrecer ya un libro de poemas, otro de cuentos y cinco novelas, además de una presencia continua en la vida cultural de Galicia.

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Y una lengua que, además, es ese gallego en trance de fortalecer el válor de su narrativa después de la muerte de los grandes maestros: Cunqueiro, Fole, Dieste, Blanco Amor, Otero Pedrayo... A la generación de Conde le ha correspondido tomar ese relevo y ahí están, con el recién premiado, gentes como Carlos Casares, Xosé Luis Méndez Ferrín o Víctor Freixanes, a los que algo del reconocimiento cumplido ahora en el autor de Xa vai o griffon no vento no deja de corresponderles.

Como valor añadido a la pertinencia del premio no habría que olvidar que las mejores novelas de Alfredo Conde ya han sido traducidas al castellano. Ahí están Breixo y Memoria de Noa circulando con fortuna de crítica y de lectores, y para muy pronto se anuncia la aparición de este Xa vai o griffon no vento, gozosamente envitolado con el Premio Nacional.

Glosa del original

Como en las otras ocasiones, Conde se traducirá a sí mismo, lo que convierte cada una de sus novelas en dos textos complementarios. La versión castellana es siempre como una glosa del original, salpicada de ingeniosas notas a pie de página que, entre otras cosas, sirven para pedir comprensión al lector no gallego y mostrarle de paso las hermosuras del idioma de Rosalía y las dificultades sentimentales que el trasvase tiene para quien encuentra en la lengua su verdadera patria. Así, el autor-traductor se erige en recreador de sus propios personajes, los dota de una voz más rica y sus discursos se engrandecen en ese viaje de ida y vuelta.

Xa vai o griffon no vento es, no ya la mejor de las novelas de Alfredo Conde, sino la que en buena medida resume todas ellas, los intereses temáticos de su autor y las mejores galas de un estilo que comenzara a mostrarse hace casi 20 años en un libro de versos -Mencer de lúas- y que habría de ir haciéndose cada vez más propio.

Una novela que es a la vez rememoración del pasado y parábola del presente, que traza una reflexión tan profunda como inteligente sobre el poder y la libertad y que tiene como eje a las figuras, complementarias y opuestas a un tiempo, de un inquisidor y un escritor frustrado.

Contrapunto

La Armada Invencible y los contrabandistas de libros, la Compostela del siglo XVI, son el contrapunto de esta novela repleta de imaginación, ambiciosa hasta donde debe serio un texto que conria en sí mismo, y que, por añadidura, bien puede ser leída en clave aventurera.

Para terminar por el principio, bienvenido sea este Premio Nacional de Literatura que consagra a quien le había llegado su hora, que le cae a Alfredo Conde en su momento justo. Por el momento y por lo justo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 11 de diciembre de 1986.