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Tribuna:EN EL CINCUENTENARIO DE LA MUERTE DE SPENGLER

De la República de Weimar al 'Estado total'

El 50º aniversario de la muerte de Oswald Spengler, producida el 8 de mayo de 1936 en Múnich, es ocasión para reflexionar sobre el sentido de la obra del autor de La decadencia de Occidente. Su influencia en Europa, y aun en España, se dejó sentir fuertemente en ambientes intelectuales y políticos, y sus ideas contribuyeron a preparar y acelerar el camino de la revolución nacional de los fascismos. La obra de Oswald Spengler fue, sin duda, uno de los exponentes máximos de la irracionalidad, que, afortunadamente, terminó en 1945, según resalta el autor del artículo.

Hace 50 años moría en Múnich Oswald Spengler (1880-1936), en plena euforia nazi, régimen al que intelectualmente tanto ayudó a instalarse y del que, como Carl Schmitt, de forma moderada, se distanciaría en los últimos momentos. Una línea paralela seguirá a estas dos fuertes personalidades de la cultura histórica y jurídica alemana de entreguerras mundiales. Si Carl Schmitt representa la relativización sutil jurídicopolítica del Estado, el embate profundo a la sociedad democrática y pluralista y la preparación, consciente y anticipa da, del Estado total, Oswald Spengler expresa también, en línea coincidente, la relativización irracional y apasionada, catastrófica y mesiánica, de las culturas y del anuncio (esperanza / deseo) de la dictadura nacional.Desde dos planos metodológicamente distintos (derecho e historia), ambos llegarán a un mismo resultado: destruir el Estado liberal-democrático de Weimar y, con sus críticas lacerantes y profecías sombrías, preparar y acelerar el camino de la revolución nacional.

El paralelismo Schmitt-Spengler podría extenderse más: ambos son académicos universitarios, que no proceden de la clase tradicional burguesa (aunque defenderán sus intereses y mitos), y ambos también tomarán ciertas reservas con respecto al nuevo régimen o, más exactamente, el nazismo adoptará reservas con ellos cuando el Estado total se instala plenamente y se radicaliza, es decir, cuando exige una total identificación, sin fisuras, intelectual y política.

Actitud visionaria

Sin embargo, desde la coincidencia de fondo, en dos aspectos se separarán: uno, personal; otro, en la influencia de su obra. La personalidad de Schmitt está marcada por una astuta coherencia equilibrada y por una lógica estable. Sus contradicciones son, en realidad, simulaciones lúdicas y sofismas bien articulados (la razón encadenada, de la que hablé en otra ocasión en EL PAÍS), que excluye la magia esotérica y la permanente actitud visionaria de Spengler. Poseía Schmitt, por otra parte, una sobria ironía y un sentido del humor no usual entre los graves profesores alemanes.

Yo conocí a Schmitt, por Enrique Tierno, en los años sesenta, ya escéptico y distante de lo cotidiano (más aparente que real), y recuerdo una anécdota suya paseando por la Castellana, en Madrid. Fui a entregarle precisamente un libro dedicado de Tierno (Acotaciones a la historia de la cultura occidental), y mientras conversábamos con discreción se dio, cuenta de que su nombre no figuraba en el índice de autores, y socarronamente, como para sí, dijo: "Tierno debe colocarme en la cultura oriental".

Spengler, por el contrario, según Hamilton (The appeal of fascism), era solitario y misógino, misántropo y megalómano. A la astucia de la razón schinittiaría opondrá Oswald Spengler la vehemencia incontrolada y las analogías más dispares. Ambos se remiten a Goethe, pero, en el fondo, Schmitt piensa, sobre todo, en Hobbes -miedo,seguridad, orden tradicional-, y Spengler, en la lectura más irracional de Nietzsche: minorías y masas, césares y superhombres.

Spengler, por otra parte, a diferencia de Schmitt, que será más limitada y elitista su incidencia pública, fue uno de los pensadores más leídos -y más influyentes- no sólo en Alemania, sino en toda Europa, en la etapa de entreguerras.

La primera edición de La decadencia de Occidente (1918, primer volumen; 1922, segundo volumen) fue un gran best seller de la época: se vendieron más de 100.000 ejemplares. Se traduce a todos los idiomas europeos, y en español aparece en 1923, de la mano de Manuel García Morente como traductor y exegeta (en Revista de Occidente) y con un proemio elogioso de Ortega y Gasset. (Es significativo que las ediciones de esta obra continúan hasta hoy: en 1983, todavía la editorial Espasa-Calpe lanza la 13ª edición para España y América Latina.)

Otra obra suya, de mayor compromiso político directo, Años decisivos, será también editada antes de nuestra guerra (1936); y finalmente, muerto ya Spengler, en 1947, se editan unos ensayos breves (El hombre y la técnica), traducidos también por García Morente. Que yo sepa, su Prusianismo y socialismo, de 1920, no se traducirá al castellano.

Influencia en España

La recepción de Oswald Spengler -influencia y crítica- en España será muy diversa y amplia. Se introducirá primero por los sectores liberales (Ortega, García Morente), se apoyarán en él escritores socialistas (Araquistáin), lo utilizará como maestro el grupo autoritario-tradicional de Acción Española y será criticado fuertemente, también en los treinta, por sectores socialistas-comunistas (revista Octubre).

Hay una pregunta que surje ante esta variopinta influencia: ¿cómo Spengler, anticipador de la edad de los césares, profeta de la guerra, anunciador del militarismo e imperialismo, destructor del Estado liberal, negador de toda convivencia democrática y pacífica; que exalta la desigualdad social y racial y anula la libertad; que quiere, en fin, construir una revolución nacional conservadora, integrando el prusianismo -orden, jerarquía, tradición- en el socialismo, pudo haber sido uno de los exponentes lúcidos para algunos de nuestros liberales y socialistas más conspicuos?

Es lógico que, dentro del grupo autoritario-tradicional (con las reservas por su no catolicismo), Spengler fuese visto como un profeta y un debelador de la cultura: Maeztu, Sainz Rodríguez, Vegas Latapie, Vázquez Dodero, Pemartín, Ruiz del Castillo; pero más compleja de entender es la influencia sobre Ortega Morente (aunque su evolución posterior lo explica) o Araquistáin.

Mistificación

Una explicación puede lanzarse: la mistificación de las corrientes doctrinales autoritarias (y prefascistas) en la década de los veinte-treinta. Es cierto que entre La decadencia de Occidente y Años decisivos pasan 10 años.

Lo que en la primera obra se entendía como un diagnóstico, en la segunda hay ya un programa: en La decadencia... se pretende establecer una nueva filosofia de la historia; en Años decisivos, la concretización autoritaria de aquella filosofía intuitiva, vitalista y mágica. Todavía en 1934, Arconada consideraba un signo "de gran revelación" la incorporación de Spengler al nacionalsocialismo hitleriano.

Mistificación y angustia, desesperación y pesimismo, nacionalismo y belicismo, condicionaron una época que, como resultado, ayudaría intelectualmente a construir el Estado total. La obra de Spengler, dentro de estas coordenadas, fue, sin duda, uno de los exponentes máximos de la irracionalidad que, afortunadamente, terminó en 1945.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de diciembre de 1986