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Un concierto mágico de Teresa Berganza en Tarazona

Teresa Berganza inauguró el martes con un concierto mágico el II Festival de Música de Tarazona (Zaragoza), festival que ha recibido este año el nombre de Florencio Ripollés, el fallecido presidente de la Diputación zaragozana que tanto apoyó su instauración.

Un recital de verdadero asombro, en el que la cantante demostró hallarse en plenitud de voz, pero también de arte interpretativo, que sigue teniendo la perfección que sólo da un examen detallado de los textos, un profundo y riguroso estudio de las partituras y del alma de los personajes.

El recital de Teresa Berganza con el pianista Juan Antonio Álvarez Parejo se desarrolló en el espacio de lujo de este festival, la iglesia del monasterio de Veruela. Un ámbito sobrecogedor con el riesgo habitual de los grandes templos, el de la resonancia excesiva, pero que aquí desaparece y queda en un punto ideal cuando el lugar está lleno de público.

Teresa Berganza entusiasmó al público con una primera parte operística en donde después de bordar dos piezas del barroco, pasó a cantar maravillosamente Mozart y Rossini, autores en los que en todas partes se reconoce su magisterio. Su Vedrai Carino del Don Giovanni no pudo tener mayor gracia e intención, lejos de la ñoñería acumulada tradicionalmente sobre un aria mucho más intensa y expresiva de lo que parece a primera vista.

Si Mozart y Rossini fueron perfectos, Berganza sorprendió por la plenitud y anchura de su voz en ejemplos franceses de Thomas, Massenet y Bizet.

Luz de velas

Durante el intermedio se fue la luz eléctrica. Como no volvía y el público se impacientaba la mezzo madrileña no quiso suspender y reanudó su recital a la tenue luz de la velas votivas. El ambiente, "con la luz a un lado" de las candelas, no podía ser más becqueriano, y quizá pocas veces habrá cantado Berganza con emoción más verdadera las canciones españolas de Toldrá, Guridi, Turina y Falla.No se rompió la magia cuando vino la luz, porque el escenario se iluminó a tiempo de ver las inmejorables cualidades histriónicas de la Berganza en el aria de la borrachera de la Perrichole de Offenbach.

El miércoles se celebró también en Veruela un concierto a cargo de la Northern Sinfonía, conjunto inglés de cámara fundado en Newcastle en 1958 y que goza de gran prestigio por sus trabajos para la BBC y por sus grabaciones discográficas. No defraudó la expectación despertada de este, por la edad de sus instrumentistas, joven conjunto británico, que bajo la batuta de Wilfried Boetteher desarrolló un bien equilibrado programa Mozart. Es justo destacar al excelente violinista Bradley Creswick.

Hasta el 17 de agosto seguirá el festival de Tarazona con atractivas sesiones de todo tipo, entre las cuales no se puede pasar por alto, por su excepcionalidad, el recital Chopin que dará el 15 de agosto, en el teatro Bellas Artes, el gran pianista polaco, Adam Harasiewicz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 08 de agosto de 1986.