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Crítica:'BALLET'
Crítica

Las reglas históricas

Uno de los factores que han asegurado eternidad al ballet es el respeto de sus reglas históricas. Transgredirlas puede ser un acto de genialidad o de torpeza; dependerá siempre de la capacidad creativa de los vulneradores.El grupo de cámara de Budapest no supera el listón medio de la calidad, acusa faltas de rigor y de disciplina escénica. Sus creaciones modernas propias son de Antal Fodor, un artesano que no cuaja, si bien maneja con cierta soltura el vocabulario académico, siempre que no lo complica demasiado. Las dos piezas del cubano Alberto Méndez -Muñecos y Plásmasis- han sido lo mejor, y fue interesante ver la miniatura Valse, una creación de Vainonen de los años treinta, concebida especialmente para la menuda Olga Lepesinskaia, y muy comprometedora para el partenaire. Katalin Hagai y Sándor Erdélyi lo asumieron con elegancia.

Ballet de Cámara de Budapest

(Hungría)Festival de Itálica. Sevilla, 8 y julio.

Boquiabierto quedó el público entendido al ver que en el paso a dos de Corsario se prescindía de las variaciones, el momento más espectacular, que se preveía interesante al partir del original de Mazilier (al que el programa erroneamente daba como músico), una reconstrucción sin contaminaciones hecha hace años por Victort Fülop, un bailarín húngaro que heredó directamente del Kirov ruso.

El paso a dos de Don Quijote fue bailado por Dolores Castillo, que es hija de español y húngara, y que tiene un acento fuerte pero falto de estilización. Su acompañante, Gyorgy Szakály, a pesar de tener un físico ideal de bailarín clásico, mostró un baile poco limpio y sin solidez en el salto y en el cierre de piruetas.

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